30 de agosto de 2009

Perfil empresarial y social de las comunas de Manizales


Fuente: Soto Vallejo, Irma; Otiz G., Oscar; Jiménez O., Oscar (2009).
Perfil empresarial y social de las comunas de Manizales.
Cámara de Comercio de Manizales y Universidad de Manizales.

Interpretación de los indicadores desde el Urbanismo

Por: Luis Fdo. Acebedo R

El pasado miércoles 26 de agosto se realizó la presentación del libro “Perfil empresarial y social de las comunas de Manizales”, producto de la investigación realizada por los grupos de investigación “Derecho y Sociedad” y “Economía y Desarrollo Regional” de la Universidad de Manizales, en asocio con la Cámara de Comercio.

Los resultados de esta investigación permiten mostrar el panorama económico de las comunas de la ciudad a partir de los censos empresariales de los años 2007 y 2008 que la Cámara de Comercio viene realizando desde hace cinco años de manera consecutiva. En nuestra opinión, la mayor novedad, respecto a informes anteriores, está en la georeferenciación que se hizo de los resultados, lo cual permite relacionar los indicadores socio-económicos con el territorio, en un buen intento por develar la morfología del tejido empresarial y productivo de la ciudad.

El libro presenta de manera resumida la metodología en la recolección y análisis de la información, junto con los principales resultados estadísticos por comunas. No interpreta, simplemente muestra datos y tablas. A manera de anexo se publican las bases de datos de acuerdo a las variables empleadas con el propósito de que puedan ser usadas y analizadas libremente por los ciudadanos. En este sentido, el libro se anota un punto adicional en la perspectiva de hacer pública la información para facilitar la toma de decisiones por todo aquel que se interese en la temática.

Creo que sus autores han entregado a la luz pública este trabajo con la firme intención de motivar la interpretación de las cifras por parte del público en general, pero especialmente de los empresarios y la academia. Yo he aceptado el reto y por eso quiero arriesgar unas primeras ideas, tanto desde el urbanismo como desde la política, o si se me permite, desde la economía política de la urbanización.

La primera constatación es que la mayor actividad económica se desarrolla a lo largo de la Avenida Santander como principal eje productivo y de movilidad de la ciudad. Sin embargo, hay tres motores muy dinámicos que concentran el mayor número de establecimientos, la principal fuerza laboral, los principales activos y, en gran medida, la mayor riqueza. Ellos son: El centro histórico de la ciudad (comunas 1,2 y 3) por su diversidad económica, junto a la comuna Palogrande (8) en donde se ha venido consolidando una nueva centralidad urbana, y la comuna Tesorito (7), que tiene un carácter más especializado por ser la principal concentración industrial. Llama la atención la comuna La Fuente (10), porque no tiene tantos establecimientos ni personal ocupado, pero sobrepasa con creces a todas las anteriores en cuanto a ingresos medios, quizás por la localización de varias industrias importantes para la ciudad, tales como La Fuente y Hada, entre otras.

Aún así, puede decirse que en toda la ciudad se desarrollan indiferenciadamente actividades de comercios, industria y servicios. Sin embargo, sobresalen dos indicadores que deberían prender las alarmas del empleo y la calidad de nuestro aparato productivo. Por un lado, la baja generación de puestos de trabajo de las empresas pues sólo 57 mil personas soportan la actividad económica de la ciudad entre comercio, servicios e industria; y por otro, el gran predominio (más del 90%) de la pequeña empresa que ocupa entre uno y dos trabajadores con muy bajos activos y pocos ingresos.

Esto quiere decir que nuestra economía es de supervivencia, orientada principalmente al comercio y los servicios. No es difícil llegar a concluir que en la ciudad predominan las tiendas de barrio, el café internet, los talleres de mecánica y las carpinterías, las droguerías y panaderías; en fin, una ciudad casi de artesanos, muy lejos del sueño idílico de una ciudad del conocimiento como se viene propagando de tiempo atrás.

Me temo que la política de impulso y fortalecimiento de las Mipymes y de un “país de propietarios” han sido un total fracaso para los propósitos del fortalecimiento del aparato productivo local. Igual podría decirse de las estrategias para la generación de empleo. Tanto la pobreza que está por encima del 57% en el Departamento como la pobreza extrema que se posiciona en el 17%, junto a unas tasas de desempleo superior al 14% en Manizales son extremadamente preocupantes y desbarata el optimismo con el que algunos políticos y periodistas locales pretenden contagiarnos por estos días preelectorales, argumentando que vamos muy bien y rumbo a la solución de nuestros principales problemas.

El reciente informe del PNUD sobre el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en Caldas testimonia lo anteriormente dicho y contribuye, no sólo a mantener esta preocupación, sino a dimensionar las tareas que tenemos por delante. Este informe revela cómo Manizales es una ciudad que expulsa población (57%). Si nos atenemos a los resultados del censo empresarial, podemos concluir la falta de oportunidades laborales para sus habitantes. Y eso que la ciudad genera el 71% del PIB departamental. Ya podrán imaginarse los niveles de pobreza en que viven los demás municipios del departamento por cuenta del abandono paulatino de la productividad agrícola, la violencia y los preocupantes índices de escolaridad y deserción de los poblados rurales.

El modelo de desarrollo basado en una economía de servicios como si estuviéramos en una situación similar a los países desarrollados, ha contribuido a la debacle. Es necesario cambiarlo. Necesitamos soluciones endógenas para nuestro desarrollo, tales como introducir un mayor valor agregado al aparato productivo, tanto urbano como rural, diversificando la economía. Requerimos concentrar mayores esfuerzos y recursos entre el sector productivo y la academia para investigar e innovar en las cadenas productivas del departamento. Debemos recuperar la visión regional y subregional de ordenamiento territorial y el desarrollo para ampliar las oportunidades laborales y productivas. Bueno, y qué decir de los otros indicadores de los ODM que por falta de espacio no podremos comentar, todos ellos relacionados con el logro de la equidad y el bienestar social, tan esquivo por estos días, muy a pesar del derroche de optimismo de ciertos propagandistas oficiales.

30/08/09

24 de agosto de 2009

Arte público, ciudad y política en Manizales

Esculturas del Maestro Vallejo sobre la Avenida Santander,
a la altura de la sede Palogrande de la Universidad de Caldas.
Obra artística, publicidad y dinámica urbana.

Manifestaciones artísticas en la Inauguración del Festival Intercolegiado de Teatro en Manizales.
En la parte superior de la foto, una de las obras del Maestro Vallejo, vigilante.

Por: Luis Fdo. Acebedo R

Al comenzar este año, Manizales vio cómo la Avenida Santander se fue inundando sorpresivamente de varias obras escultóricas de gran tamaño y colorido. La homogeneidad de la propuesta artística hacía presuponer que se trataba de un mismo autor. En la mayoría de los casos, se iban acomodando sobre el separador central de la Avenida, luego de construir una base de concreto con una estructura metálica serpenteante. Pero también, comenzaron a verse sobre las cornisas de algunos edificios o adosadas a las fachadas. En menor cantidad, se localizaron sobre los parques, aceras o antejardines. Aparecían en la plazoleta de la Alcaldía Municipal, a un costado de la Plaza de Bolívar, del Teatro Fundadores, y de allí en línea continua hasta el complejo vial del Batallón. Todo un recorrido iconográfico por el que fuera el principal camino que le permitió a Manizales su ingreso "triunfante" al progreso y la modernidad desde su fundación en el siglo XIX.

Nadie, absolutamente nadie, podía ignorar su presencia. En la universidad, el teatro, la oficina o el supermercado, en cada esquina y en los semáforos, la presencia de bueyes, caballos, arrieros, perros, cabros, sacerdotes y culebreros, nos recordaban, una vez más, la “raza” bravía, las duras trochas abiertas por valientes familias en busca de tierras baldías para el cultivo de los cafetales, el sudor y sufrimiento de nuestros ancestros, el manto protector de la iglesia, los mitos y leyendas campesinas. En fin, toda la gesta de la colonización antioqueña, como para que no haya la menor duda de nuestros orígenes.

Supongo que el maestro Guillermo Vallejo, autor de este trabajo, no cabe de la dicha. Son más de cincuenta obras distribuidas en unos cinco kilómetros, lo cual significa que en promedio, hay una escultura por cuadra. Ni siquiera el maestro Fernando Botero logró en Medellín semejante reconocimiento sobre la carrera Carabobo, pues la mayoría de sus gordas y gordos quedaron confinados en una gran plaza pública diseñada exclusivamente para estos fines con una ligera prolongación sobre el ancho de la cuadra del Museo de Antioquia. Allí por lo menos hubo un proyecto de ciudad, aunque también se evidenció el desbalance entre los 38 mil millones invertidos y la histórica ausencia de apoyo a los gestores culturales de la capital paisa.

Comprendo al maestro Vallejo; es que no es nada fácil difundir la obra para un artista colombiano o, peor aún, manizaleño; ni mucho menos obtener una pequeña ayuda para apoyar sus trabajos. Y de pronto, un Alcalde que por suerte resultó ser su amigo, bota la casa por la ventana y al mejor estilo de las clases emergentes en Colombia, decide homogenizar la principal avenida de la ciudad con varias reproducciones de la obra original “Monumento a los Colonizadores”, localizada en Chipre. Confieso que me había negado a conocer este monumento por el solo hecho de no pagar ni un peso por visitar una obra en el espacio público, que por su naturaleza debe ser gratuita y para el disfrute colectivo. Pero de ahí a que la reproduzcan por toda la ciudad en una versión efímera y descontextualizada, hay mucho trecho.

Evidentemente, la localización de las obras se hizo al libre albedrío del alcalde y su artista, a la usanza del rey y sus áulicos escultores cortesanos de finales del siglo XVI. Ya me imagino al Alcalde vociferando: ¡¡Necesito que me instalen cincuenta y pico de esculturas sobre la Carrera 23, pero para ya, porque en mi administración es diciendo y haciendo!!. Uno aquí, y otro allá; uno más arriba y otro más abajo.

Tal parece que se les fue la mano en el número de obras o que el presupuesto era bastante copioso. Lo cierto del caso es que por cuenta de los arreglos entre “el rey y su escultor” parte de la obra artística quedó apeñuscada al nivel de los avisos publicitarios, en la disputa por atraer los ejes visuales de los desprevenidos peatones.

No critico al maestro Vallejo, aunque creo que a todos los artistas les cabe un poco de sentido de la responsabilidad social y colectiva. Más bien, mis dardos van en la dirección del burgomaestre, quien demuestra el poco respeto que tiene por la ciudad, por los ciudadanos y por el espacio público y colectivo. Es que se creen dueños de la parcela y con los poderes omnímodos para decidir los destinos de todos. Para estos personajes, no hay dinámicas culturales, sólo artistas preferenciales; no hay presupuesto para la cultura, a lo sumo, una caja menor (¿o mayor?) a disposición del “gerente” de la ciudad; no hay ciudadanos sino contratistas o clientes; no hay sistema de espacio público, tan sólo público para observar sumisos y resignados las actuaciones de los “gerentes” o “subgerentes” de la ciudad.

Con el autoritarismo como estilo de gobierno heredado de la Casa de Nariño y el enorme desprecio por lo público y lo colectivo como factores fundamentales en la construcción de ciudadanía, los alcaldes ahora se han arrogado el derecho de administrar el espacio público según sus particulares intereses. No importa que con ello contribuyan a la contaminación visual de la ciudad o al uso privado del espacio y los bienes públicos.

Cómo añoramos el día que un Alcalde decida abordar el arte y la cultura como ejes de la construcción de civilidad y ciudadanía. Cómo quisiéramos que el gobierno municipal apoyara la infinidad de manifestaciones artísticas de la ciudad con una política incluyente y participativa. Quizás así, el festival inter-colegiado de teatro dejaría de funcionar al debe, los escultores podrían engalanar con sus obras los parques de los barrios populares; la música podría disfrutarse en la plaza pública, al igual que el cine, para el bienestar de los jóvenes universitarios; los egresados de la carrera de artes escénicas de la Universidad de Caldas podrían consolidar los semilleros de actores y actrices de una ciudad que se ha vuelto referente internacional del teatro; y los gestores culturales de la Universidad Nacional podrían hacer factibles los emprendimientos de nuestros artistas, entre otros sueños nada dífíles de lograr.

24/08/09

18 de agosto de 2009

La “sana mezcla de usos”

Impacto urbanístico de una de las EPS del barrio La Estrella (Manizales)

Algunos efectos prácticos de esta política en una nueva centralidad de Manizales.

Por: Luis Fdo. Acebedo R.

Uno de los temas más polémicos de la formulación del POT de Manizales es el que tiene que ver con el uso del suelo. Casi nada, es la esencia de la planeación y el ordenamiento territorial desde sus orígenes, tanto en Alemania como en Inglaterra. Pero en esta ciudad “de las puertas abiertas” es considerado como tema que admite una gran flexibilidad. Pues bien, a algún ilustre consultor o secretario de planeación le pareció inteligente proponerle al Consejo de la ciudad adoptar la “sana mezcla de usos” como una de las políticas principales del modelo de ocupación territorial, con la idea de “establecer criterios para hacer compatibles las actividades entre sí”. Al son de hoy no se ha aplicado ni una cosa ni la otra.

En una ciudad como Manizales, tan sumisa a las directrices del mercado y los promotores inmobiliarios, la medida fue aceptada con todo el beneplácito. Para quienes asumieron con honestidad este criterio, se trataba de una oportunidad para superar la concepción ya revaluada y utópica del urbanismo CIAM de zonificar la ciudad por funciones (vivienda, industria, comercio, recreación y administración); para otros, defensores a ultranza de un urbanismo desregulado, era el momento perfecto para legitimar lo que ya venían haciendo desde hacía varias décadas.

Es el urbanismo desregulado el que sigue imponiéndose, a través de una metodología que ya ha sido ampliamente analizada por juristas y políticos estudiosos de la sociedad capitalista. Se trata básicamente de crear el derecho, luego limitarlo y finalmente, acabar con él. Su principal instrumento consiste en advertir que el derecho concedido estará sujeto a reglamentación, o como se dice en el caso que nos ocupa, “se establecerán los criterios…”.

Uno de los casos más patéticos para observar este comportamiento en Manizales es lo que está sucediendo en el sector Palogrande donde una nueva área de centralidad se viene consolidando, alterna a la fundacional, sin ningún tipo de planeación ni control urbanístico. Allí hay unas claras expresiones del deterioro progresivo que ya comenzaron a sufrir barrios como Palogrande, La Estrella y Belén, de una histórica tradición residencial.

Primero llegaron los grandes equipamientos urbanos: las universidades con sus respectivos Campus, el estadio de futbol y la unidad deportiva; más recientemente, aparecieron nuevos usos asociados a los servicios de salud, entre otros. Los primeros fueron expandiéndose con una gran autonomía, en muchos casos, sin cumplir con estándares mínimos de urbanismo. Los segundos, fueron ocupando las viviendas de mayor área, haciéndoles algunas reformas interiores para la atención de sus usuarios, luego fueron invadiendo parte de los espacios públicos con las ambulancias, dado que casi ninguna de ellas previó la necesidad de estacionamientos interiores para estos vehículos, y finalmente, los nuevos demandantes de estos servicios, comenzaron a ocupar las vías, las aceras, los antejardines y cuanto rincón fuera posible para estacionar sus vehículos particulares lo más cerca a cada una de las edificaciones. El resultado final, unos barrios convertidos en un gran parqueadero público por obra y gracia de la “sana mezcla de usos” como directriz fundamental del Plan de Ordenamiento Territorial.

Según el POT, las instituciones de salud requieren de edificaciones especializadas y deben incluir infraestructuras de parqueaderos. Sin embargo, se hacen algunas excepciones para los servicios de salud catalogados como IS-1, es decir, para los centros médicos, laboratorios y bancos de sangre considerados de “impacto medio” para los cuales se requiere parqueo a razón de dos (2) cupos por cada 50 M2 de área útil construida al interior del predio o en zona próxima (el subrayado es nuestro). Estas últimas no deberán estar a una distancia mayor a 300 metros. Buena parte de las Empresas Prestadoras de Salud (EPS) de hoy en día están incluidas dentro de esta categoría. Son los llamados centros de salud de garaje que se han vuelto tan comunes desde que el sistema de salud se privatizó. Casi todas ellas han optado por la norma más laxa, es decir, aquella que les permite desembarazarse de los parqueaderos, trasladándolos a una “zona próxima”, es decir, al espacio público de la ciudad. Lo dicho, el Estado crea la norma, luego la limita y finalmente acaba con ella.

De esta manera volvemos al principio de este problema: Las instituciones de salud pueden localizarse “donde se les dé la gana” porque la norma así lo permite. Si esta “lógica” de la planeación la hacemos extensiva a las demás actividades de comercio y de servicios que hacen presencia en el sector, podremos concluir porqué percibimos un deterioro progresivo de su medio ambiente urbano y la imposibilidad de poner un cierto orden por parte de las diferentes autoridades de control. Nada pudo hacer la planeación de escala intermedia que recientemente se ha inaugurado en la ciudad con relación al tema de parqueaderos. Nada, excepto aplicar el código de urbanismo y construcción vigente desde el año 1993.

Por fin, después de casi una década de formulación del POT, la administración municipal decide bajar las decisiones superiores de ordenamiento territorial a una escala intermedia, lo cual, sin duda, permitirá conocer mucho más la ciudad y facilitará su planeamiento. Sin embargo, y como lo hemos advertido en otras líneas, sin un nuevo código de urbanismo y construcción no podrá haber ordenamiento territorial posible. La PIP 10, encargada de planear este sector de la ciudad quedó acorralada desde el punto de vista normativo y de gestión por un código obsoleto y descontextualizado. Lo mismo sucede, obviamente, con las demás PIP de la ciudad.

Para poder superar este escollo, yo propondría varias acciones, a saber:

Que se aborde sin más aplazamientos, la reformulación del Código de Urbanismo y Construcción para contextualizarlo con las determinantes del ordenamiento territorial actual.

Que se desarrollen campañas ciudadanas orientadas al uso adecuado y responsable de los espacios públicos por parte de los usuarios de los vehículos privados.

Que se impulse un acuerdo entre los sectores públicos y privados del sector de Palogrande (especialmente entre el comercio, las instituciones de salud, las instituciones deportivas y las universidades) para materializar un modelo financiero y de gestión orientado a la construcción colectiva de edificios de parqueaderos que presten el servicio a todos estos usuarios con el fin de limitar al máximo las zonas de parqueo sobre las vía, recuperando y ampliando los espacios públicos para los peatones. Una Unidad de Gestión estratégicamente ubicada sería una opción viable.

Que se incentive el uso de los estacionamientos sobre la vía para perídos cortos de tiempo y no como parqueaderos permanentes como sucede en algunos casos.

Que la autoridad competente cumpla sus obligaciones en la aplicación de las normas de tránsito y ejerza los controles necesarios de manera oportuna.

18/08/09

8 de agosto de 2009

París, tras las huellas de un territorio del conocimiento.

Grande Arche de La Défense
Periferias metropolitanas de París: Entre la ciudad global y del conocimiento.

Por Luis Fdo. Acebedo R.

Parecería inconcebible escribir sobre París sin mencionar su centro histórico, sus monumentos arquitectónicos, los museos, las grandes avenidas y parques decimonónicos. Mi opción por no hacerlo tal vez está en el temor de caer en lugares comunes. Aunque debo reconocer que me seduce la idea de compartir con los lectores tres temas que me impactaron positivamente de esta hermosa ciudad cuando la visité en el verano del año 2008: La multiculturalidad y el ejercicio de la ciudadanía, por un lado, la luminosidad y el color de la ciudad, por otro, y las identidades y diferencias entre la propuesta urbanística del Barón Haussman para París y la del ingeniero Ildelfonso Cerdá para Barcelona. Por lo pronto, y mientras me decido a abordar estas tres tareas, permítanme compartir con ustedes algunas ideas sobre las periferias urbanas de París y sus principales transformaciones en la búsqueda de unas huellas sobre la manera en que esta gran metrópoli ha venido trabajando para transformarse en un territorio del conocimiento.

En París, todas las periferias urbanas y metropolitanas en donde se asentaron significativas concentraciones industriales, ahora están en proceso de transformación del paisaje urbano a través de variadas figuras metafóricas de la nueva sociedad global y/o del conocimiento.

El nororiente y el suroriente de Paris avanzan en procesos de renovación urbana de zonas industriales en declive, incorporando nuevas espacialidades urbanas asociadas a las relaciones entre productividad, educación y cultura. Veamos algunas de ellas:

La Cité des Sciencies et de l’Industrie al nororiente, es un gran complejo o parque temático de 55 hectáreas en donde se ofrecen múltiples servicios asociados al contacto directo de los usuarios con aspectos de la ciencia y la tecnología: áreas de exposición, museo de la ciencia, planetario, cine, acuario, geodecia y un gran parque recreativo, entre otros. El parque fue diseñado por el arquitecto Adrien Fainsilber y se encuentra en funcionamiento desde el año 1986.

La Biblioteca Nacional de Francia Francoise Mitterrand, diseñada por el arquitecto Dominique Perrau, junto con la localización de una nueva sede de la Universidad Paris Diderot (Paris 7) en el edificio de un antiguo Molino de Trigo, constituyen dos nodos del proceso de transformación de un importante sector industrial al lado del Río Sena, en el suroriente de la ciudad. Ambos proyectos constituyen un esfuerzo por localizar un complejo educativo y cultural de carácter nacional en reemplazo de los usos industriales manufactureros que entraron en decadencia.

El noroccidente y el suroccidente de Paris también están desarrollando una transformación urbanística importante, aunque con características muy diferentes. En el primer caso, se consolida el sector de La Défense como el nuevo centro global de localización de las más importantes empresas multinacionales y de servicios, tanto de negocios y finanzas como de telecomunicaciones, ubicado en la ciudad industrial de Courbevoie, en límites con el río Sena, al occidente del centro tradicional de París y a menos de cinco kilómetros del Arc du Triomphe.

La prolongación del eje de la Avenida Champs Elysées hasta constituirse en la Avenida Charles de Gaulles y rematar en la Grande Arche de La Défense como nuevo hito de la posmodernidad, ha convertido este sector en lugar estratégico para que las corporaciones multinacionales más importantes de Europa y el mundo quieran localizar allí sus principales sedes de negocios y oficinas. Las grandes firmas de arquitectos del mundo han sido convocadas para desarrollar sus proyectos y dejar su impronta en una competencia por diseñar el edificio más alto y tecnológicamente más avezado.

Un derroche de edificios con fachadas flotantes en vidrio, arman un conjunto arquitectónico y urbanístico en donde la escala humana se vuelve insignificante, ante la imponencia de los edificios y el espacio público monumental para disfrute del peatón que se extiende linealmente por una explanada de jardines sobre el paso subterráneo de una de las líneas de metro.

Son las nuevas perspectivas heredadas del urbanismo decimonónico del barón Haussuman pero con los nuevos ingredientes tecnológicos y valores culturales que acentúan la individualidad de una sociedad sometida a la más desenfrenada competitividad de los mercados. Allí está el distrito de negocios de Europa, la nueva oferta inmobiliaria del gran capital y los estándares de calidad de vida de los emergentes líderes empresariales llamados “de clase mundial”. El Pole Universitaire Leonard De Vinci hace parte de este gran centro con la oferta de programas orientados a la promoción del espíritu empresarial y la formación técnica en áreas como la ingeniería y multimedia, entre otras.

En el suroccidente de la Región Metropolitana de París, se han localizado las industrias de la nueva economía del conocimiento, especialmente aquellas dedicadas a la energía nuclear, la electrónica y la aviación. En realidad se trata de una nueva corona de expansión que va desde el suroccidente hasta el suroriente e involucra un sistema de pequeñas ciudades fuertemente interconectadas por transporte ferroviario. Ciudades nuevas como Saint Quentin-en-Yvelines, al occidente, o Melón Senart, al oriente, crecen al tenor de las industrias de alta tecnología en sectores que han recibido estímulos de expansión por diferentes motivos: la existencia de planes directores desde la década de los años 60, el desarrollo de nuevas infraestructuras de transporte y la presencia de varios aeropuertos en el sector (entre ellos el aeropuerto de Orly), la creación de nuevas ciudades como ya se ha dicho, una política de descentralización de sedes universitarias, la aparición de nuevos institutos y centros de investigación, entre otros.

Aún así, la mayoría de los investigadores coinciden en afirmar que se trata de una importante aglomeración de industrias de alta tecnología, pero no necesariamente un territorio del conocimiento, básicamente porque no se han generado las sinergias necesarias entre los diferentes actores sociales, académicos, económicos y gubernamentales, a pesar de compartir un mismo espacio geográfico.

08/08/09

5 de agosto de 2009

Sociedad + Espacio + Naturaleza (II)

Municipio de Filandia, Caldas (2009).

El espacio desde la arquitectura y el urbanismo

Por: Luis Fernando Acebedo R.

Quienes desde la arquitectura concentraron sus preocupaciones en el espacio físico como categoría de análisis, no lograron articular ni una teoría ni un pensamiento sólido y consistente en torno a su objeto de estudio y por eso dejaron un gran vacío que las demás disciplinas no estaban en la obligación de llenar. Sus mayores preocupaciones estuvieron en rechazar el origen sociológico de la “teoría social del espacio”, pero sin confrontarlo con una posible “teoría espacial de la sociedad”. En su esfuerzo por confrontar esa especie de negación del espacio, la arquitectura planteó una falsa disyuntiva entre la teoría y la práctica, o entre el pensar y el hacer, atrincherando sus defensas en el prurito de “hacer arquitectura”. De ahí que las demás disciplinas la valoraran con desdén y, en cierta medida, recayera sobre ella una especie de “sospecha espacialista” al cercenar las implicaciones de orden social, económico y político que el espacio denota.

Prácticamente durante toda la segunda mitad del siglo XX este absurdo dilema estuvo presente con toda la carga dogmática que se fue generando por la radicalización de los puntos de vista, tanto en la academia como en los campos disciplinares y profesionales. Sin embargo, una nueva esperanza de confluencia multidisciplinar se ha venido abriendo con la revaloración de un concepto que ha estado presente en todos los debates, pero sin precisar muy bien sus orígenes y contenidos. Se trata del concepto de “Territorio” que nuevamente pone de presente la relación entre Sociedad-Espacio-Naturaleza, pero manteniendo el eje sobre el Espacio, no únicamente en sus connotaciones físico-espaciales, sino como síntesis de la relación entre sociedad y naturaleza.

Desde el urbanismo todavía no son muy destacados los aportes metodológicos en torno al concepto de territorio. La verdad es que aún no logra desprenderse de los desarrollos teórico-prácticos del Movimiento Moderno de la sociedad industrial. Sin embargo, hay esfuerzos significativos por tratar de responder a los retos de la sociedad contemporánea que han partido de una autocrítica por mantenerse al margen de las exigencias epistemológicas y metodológicas de los nuevos tiempos.

Dupuy (1998) sostiene que “lo que está en juego es el principio mismo de la planificación cuando ésta ya no puede basarse en una comprensión real y actual de la vida urbana”. Su argumentación parte de la idea de que el urbanismo y la planificación urbana deben comprender que se ha superado la visión exclusivamente física de sus aproximaciones. Las transformaciones actuales, mediadas en buena parte por las innovaciones tecnológicas implican cambios en la manera de concebir y traducir territorialmente los sistemas de referencia espacio-temporales utilizados hasta ahora.

Por su parte, Hall (1996) cuestiona reiterativamente si el urbanismo tiene un cuerpo metodológico propio o más bien hace acopio de conocimientos que proceden de las ciencias sociales o incluso de los métodos de trabajo basados en las técnicas de los ingenieros.

Podría decirse que el inicio del siglo XXI ha abierto una reflexión en el campo de los urbanistas y los planificadores urbano-regionales sobre los nuevos retos que la sociedad del conocimiento les impone en la interpretación e intervención del territorio. Se trata de dar “respuestas inteligentes” a los retos del presente y del futuro. Es lo que Vergara y De Las Rivas (2004) denominan “Territorios Inteligentes” basados en el paradigma del Policentrismo, lo cual implica la articulación de las áreas metropolitanas, la red de comunicaciones de alta velocidad (ferrocarril, aeropuertos y autopistas) y una potente estructura digital. Los ejes principales de esas búsquedas metodológicas están articuladas en torno a cuatro aspectos fundamentales, propios de las llamadas “ciudades innovadoras”: Competitividad económica, equilibrio social, calidad de vida y sostenibilidad ambiental”.

Es necesario aprovechar esta confluencia de saberes en torno al Espacio y al Territorio como objetos de estudio para exigirle a la arquitectura que se ponga a tono con los nuevos tiempos intentando responder a una de las preguntas más importantes que hacen parte de su campo del conocimiento: ¿Cuál es el territorio de las relaciones sociales en la sociedad del conocimiento?. Se trata de investigar las características que adquiere el espacio y el territorio como producto de las relaciones sociales y cómo a su vez, este espacio contribuye a transformar tales relaciones, expresados en nuevos valores culturales de carácter ciudadano. Hay pues, una relación de interdependencia en la cual la dimensión física se incorpora con sus propios aportes a las diferentes variables de análisis para la construcción de sociedad y territorio.


05/08/09

2 de agosto de 2009

Sociedad + Espacio + Naturaleza (I)

Parque Explora en Medellín, Antioquia. 2009

El espacio desde las ciencias sociales

Por: Luis Fdo. Acebedo R.

La teoría del espacio ha estado marcada a través de la historia por el estudio de la relación Sociedad-Espacio-Naturaleza. Las diversas disciplinas interesadas en el espacio han avanzado en clarificar sus presupuestos ontológicos y epistemológicos con relación a este objeto de estudio. Desde las ciencias sociales, por ejemplo, durante casi toda la segunda mitad del siglo XX el espacio se consideraba como una plataforma, o al decir de Lezama (2005), “como una entidad pasiva sobre la que los hombres hacen su historia y en la que, además, transcurren los hechos de la vida en general”. Bajo esta premisa, el objeto de estudio lo constituían las relaciones sociales y económicas que se daban sobre el espacio, pero el espacio mismo desapareció como problema de investigación.

La Escuela Ecologista Clásica de Chicago planteó una especie de símil biologicista para entender el espacio y particularmente su aplicación a lo urbano. En cierta medida, sus planteamientos le otorgaron a la especie humana una capacidad ilimitada para transformar la naturaleza, dentro de la idea de que el hombre es un ser inventivo, lo cual lo dota de fuerzas específicas para contrarrestar las que provienen del mundo natural. En este sentido, el objeto de estudio de la ecología humana “lo constituyen las relaciones espaciales y temporales de los seres humanos afectados por las fuerzas selectivas, distributivas y acomodativas en el medio ambiente” (McKenzie, 1967, citado por Lezama). Se trataba, por supuesto, de una visión positivista del mundo en la cual se pensaba que los recursos naturales eran ilimitados. Pero las crisis ambientales recurrentes, el calentamiento global del planeta y los cambios negativos en los ecosistemas estratégicos, han planteado nuevas reflexiones y retos en torno a la valoración del territorio.

Desde la sociología, por ejemplo, se advierte que “reivindicar al espacio no es claudicar al positivismo” (Lezama, 2005), es ante todo una “apertura a lo real”. Desde la geografía, Méndez y Caravaca (1996) sostienen que “el territorio no actúa como simple escenario inerte y neutral…”. A la misma conclusión llegan los economistas cuando Moncayo (2004) propone incorporar la dimensión territorial/espacial en las estrategias y políticas nacionales de desarrollo al considerar que “el territorio ya no sería más un factor (o capítulo) que puede o no incorporarse en las estrategias de desarrollo, sino un elemento explicativo esencial del desempeño de la economía nacional y, por lo tanto, una de las bases fundamentales de dichas estrategias”.

Por su parte, los ecologistas y ambientalistas hicieron sus propios aportes al estudio del espacio al cuestionar la división abstracta entre lo urbano y lo rural a través de una relación mucho más compleja entre ecosistema, cultura y naturaleza. Desde la perspectiva de la complejidad, Noguera (2004) sostiene que “los territorios son las manifestaciones o expresiones de la relación inseparable y continuamente cambiante entre la especie humana y la tierra”. Desde esta mirada, lo agrario participa del imaginario urbano y es un acontecimiento de la existencia humana característico del habitar, “que se expresa en las transformaciones tecnológicas y simbólicas del medio ecosistémico, realizadas gracias a nuestra imaginación y creatividad, es decir a nuestra naturaleza cultural”.

Los teóricos del desarrollo consideraban inicialmente al territorio como una especie de “determinismo”, pero al comenzar la nueva centuria hacen un replanteamiento al sostener cómo “sorprende la miopía nuestra para entender el papel del territorio en el mundo contemporáneo, en el siglo XXI y la sociedad del conocimiento y de la información” (Boisier, 2001). Por su parte, Vázquez (1998) al estudiar la Teoría Territorial del Desarrollo, advierte que “el territorio no tiene por qué aceptar, obligatoriamente, las decisiones externas sino que puede responder estratégicamente a esos desafíos y emprender acciones dirigidas a la consecución de sus propios objetivos”.

¿Y qué dicen la arquitectura y el urbanismo sobre el espacio?

02/08/09