23 de mayo de 2010

Elecciones presidenciales 2010-2014

La precariedad del empleo, razones suficientes para buscar opciones alternativas de gobierno.

Por: Luis F. Acebedo R

Ahora que el país entró en el cierre de las campañas electorales a la presidencia y que llegó la hora de las definiciones, siento la necesidad de expresar públicamente mis preferencias electorales, así como comienzan a hacerlo muchos intelectuales de la talla de Daniel Samper o William Ospina y medios de comunicación tan influyentes en la opinión pública como El Tiempo. No porque me considere equiparable con los unos, ni mucho menos porque crea que "Caleidoscopios Urbanos" esté al nivel del otro. Sencillamente, por el deseo de contribuir al debate de ideas y especialmente, de promover un voto consiente, basado en los programas y no en el marketing político.

Confieso que mi primera intención fue abstenerme de votar en las presidenciales como lo he hecho durante muchos años de mi vida. Sin embargo, en el desarrollo de los debates mediáticos y en la lectura de los programas de los diferentes candidatos, encontré dos opciones refrescantes y alternantes a la política tradicional colombiana. Esta última reducida al simple papel de demostrar quién puede ser el más fiel seguidor de Uribe y de su tristemente célebre “seguridad democrática”, que tantos beneficios les ha reportado a los latifundistas colombianos y al capital extranjero, pero tantos perjuicios le ha ocasionado a los habitantes desposeídos de las ciudades. Ellos no sólo no tienen posesiones materiales, sino que tampoco pueden ejercer el derecho a la ciudad, por eso son doblemente desposeídos. Sólo les queda la opción de reclamar el escuálido subsidio a la miseria y la indigencia que reparte el programa presidencial "Familias en Acción", base de nuevas y remozadas expresiones de clientelismo electoral.

Antanas Mockus desde una visión de centro representó inicialmente lo que algunos llaman la antipolítica, pero que en sentido más estricto es la política honesta, sin maquinarias y corruptelas. Y adicionalmente, puso el acento en recuperar la cultura, un valor que prácticamente desapareció en los vericuetos de la competitividad empresarial, la promoción de la ilegalidad desde las altas esferas del Estado y las prácticas rentistas de una burguesía cada vez más parásita que está desmantelando el aparato productivo por el nuevo “Dorado” de la especulación del capital financiero e inmobiliario en las bolsas de valores de Nueva York, Frankfort o Japón.

Gustavo Petro, por el contrario, comenzó con ciertos coqueteos al satu quo intentando demostrar que la izquierda democrática estaba depurada de radicalismos y dogmatismos, y por tanto, merecía un lugar en los limitados y restringidos espacios democráticos a los que es posible acceder por cuenta de la militarización de la vida social y la judicialización de la opinión política de los sectores de oposición al régimen. Para no hablar del control de las conciencias a través de las redes de macartismo propagandístico del llamado “Estado de Opinión”.

Pero tanto Mockus como Petro fueron dando giros importantes en sus discursos que han movido las intenciones de voto en una u otra dirección. Mockus se ha desplazado desde el centro hacia la derecha sin ahorrar ningún esfuerzo en demostrar que está más cerca de la seguridad democrática y la confianza inversionista del presidente Uribe y que está dispuesto a obtener los mismos resultados nefastos de su antecesor pero desde la legalidad. Aunque resulta poco legítimo utilizar los viejos argumentos de la estrategia de la “guerra fría” para desacreditar a sus contradictores, insistiendo en la manida tesis de que la izquierda democrática sigue infiltrada por “el terrorismo” sin aportar ninguna prueba para ello. En el campo económico le da un parte de tranquilidad al capital extranjero, argumentando que seguirán abiertas las puertas a los inversionistas interesados en las privatizaciones de los recursos y bienes nacionales, como el caso del petróleo y Ecopetrol, entre otros, con la tesis populista de que los recursos obtenidos serán invertidos en la educación. No se entiende cómo puede avanzar en una política seria de innovación en Ciencia y Tecnología con los recursos limitados de la venta de acciones de una empresa estratégica para los intereses de Colombia.

Petro aparentemente dejó los coqueteos con los partidos tradicionales y sus infantiles deseos de una coalición con sectores políticos que en años anteriores fueron los responsables de las políticas neoliberales de la economía y de los golpes más serios que se le hayan propinado al empleo y la productividad. En su defecto, se concentró en el diseño de una política alternativa de izquierda que propone darle un golpe mortal a las inequidades y a la pobreza urbana y rural mediante una estrategia de recuperación de la producción de alimentos, el castigo a la tierra improductiva y la reconversión industrial apoyado en la Ciencia y la Tecnología. Para mi propia sorpresa, Petro ha planteado elementos de una política ambiental basada en un mayor equilibrio entre sociedad y naturaleza, lo cual ya es bastante significativo, pues la izquierda en Colombia históricamente se ha ocupado poco del tema. Y en materia de Paz, lo más importante es reconocer la existencia del conflicto interno (así se encuentre degradado por prácticas delincuenciales de distintos orígenes), proponer nuevas alternativas de negociación y acatar el Derecho Internacional Humanitario mientras este conflicto persista. Pero la principal estrategia de paz es, sin duda, acabar con el cultivo más importante para las guerras, que es la pobreza y el desempleo en campos y ciudades.

Le concedo una sola razón al candidato Santos cuando dijo que “sólo los imbéciles no cambian de opinión cuando cambian las circunstancias”. Por eso, he decido votar, y lo haré por Gustavo Petro, para apoyar una propuesta democrática y de izquierda. Mi voto no es un voto militante sino de opinión, y como tal es un voto crítico y condicionado a profundizar los cambios democráticos que Colombia no ha logrado alcanzar en 200 años de independencia pero también de incesantes guerras.

20 de mayo de 2010

Las ciudades como parques temáticos



Por: Luis Fdo. Acebedo R

En medio de la crisis social y productiva que caracteriza la situación del país desde hace más de una década, comienzan a surgir alternativas que probablemente resulten peores que la enfermedad. Se trata de la idea de convertir las ciudades en un gran Parque Temático. No me refiero exclusivamente a los nuevos espacios con fines turísticos que bajo esa denominación han aparecido en el Eje Cafetero, por ejemplo, y que tienen como propósito entretener a propios y extraños dentro de un área cerrada en donde se simula la arquitectura y el urbanismo de la colonización antioqueña, o aquella que se concentra en la recreación de una hacienda ganadera en donde diferentes especies animales conviven en supuesta armonía con los ciudadanos que los visitan diariamente.

En realidad, se trata de un concepto mucho más amplio, relacionado con los espacios de la representación, dentro de los cuales se construyen nuevas realidades simbólicas que sumergen a los ciudadanos en mundos artificiales recreados en pasado, presente o futuro. Es el concepto de parque temático como simulacro y espectáculo a donde se llega para huir de la cotidianidad urbana y de la ciudad monótona. Es, como diría Michael Sorkin (2004) “[…] un lugar que lo incorpora todo, la ageografía, la vigilancia y el control, las simulaciones sin fin. Con sus formas artificiosamente embusteras, el parque temático ofrece una visión alegre y civilizada del placer que suplanta al reino de la democracia pública […]”.

Bajo esta idea, el concepto tradicional de lo público que involucra las plazas y los parques como lugares abiertos para el ejercicio de la democracia y el anonimato, ahora se encuentran bajo el control de la seguridad privada, las cámaras de televisión, o simplemente al servicio de los empresarios privados que bajo la modalidad de centro comercial extienden sus puntos de venta al espacio público como única alternativa tolerable de encuentro ciudadano. Pero además, intentan con bastante éxito vender la idea de la inseguridad del espacio público y ofrecen lugares de encuentro privados que recrean el ágora en la intimidad de una escenografía para el consumo y la recreación bajo cubierta. Los niños ya no tienen otra alternativa que los nuevos “divercitys” en donde les enseñan una manera particular de ser verdaderos “ciudadanos” a partir del uso artificial del dinero y las tarjetas de crédito.

Margaret Crawford (2004) en su artículo “El mundo en un centro comercial” define muy bien esa idea de la ciudad como un centro comercial cuando afirma: “El pasado y el futuro se difunden absurdamente en el presente. Las barreras entre lo real y lo falso, entre lo próximo y lo lejano, se disuelven, a medida que la historia, la naturaleza y la tecnología son procesadas sin distinciones por la maquinaria fantasiosa del centro comercial”. Las ciudades se descomponen en una especie de caleidoscopio de imágenes fragmentadas en donde los espejos de las fachadas de los edificios se convierten en las nuevas pasarelas fashion.

Más recientemente, la salud ha entrado en el juego de la simulación con la proliferación cada vez más sofisticada de los centros de estética, los “spa” y el cultivo de una imagen de cuerpos perfectos. Ahora han ingresado a las redes globales del llamado “turismo de salud” como una de las economías emergentes más prósperas. En Pereira, por ejemplo, una ciudad con el 22% de desempleo, se comienza a construir con la participación de dineros públicos el Parque Temático de Flora y Fauna de la ciudad de Pereira, dentro del cual se desarrollará una Zona Franca de la Salud que pretende aprovechar las calidades excepcionales de un paisaje re-creado de los biomas más comunes (humedales, sabanas y bosques) de la zona intertropical de los cuatro continentes del planeta para que los pacientes-turistas de la silicona y la liposucción puedan recuperarse seleccionando el paisaje de sus preferencias.

Como correlato, los espacios que caracterizaban a la ciudad real (calles, plazas, edificios, etc.) acaban por evaporarse. Lo que los sustituye es una distopía donde no existen centros ni coordenadas espaciales que enlacen unos lugares con otros. Tan solo autopistas de vehículos e información virtual (la ciberciudad) para conectarse con los nuevos nichos del consumo. Y se supone que a través de ellas se accede a una multitud de opciones que genera una sensación de inmensa libertad (García, 2004).

La arquitectura y el urbanismo hacen su aporte con sus intervenciones asépticas, más parecidas al maquillaje, al disfraz y a la publicidad que a una recualificación de usos y actividades de quienes las habitan. Razón tiene Sorkin cuando dice que en toda América “la planificación urbana ha renunciado a su papel histórico como integradora de comunidades, y propicia un desarrollo selectivo que enfatiza las diferencias”. Bajo estos planteamientos, el urbanismo tiene una acción limitada a activar y desactivar, conectar o no conectar espacios, dado que el territorio pierde en buena medida sus posibilidades de ordenamiento, en tanto que desaparecen las expresiones de centralidad o periferia, fronteras o límites. Hay por tanto, una especie de caos en donde toman fuerza los “no lugares” y un movimiento continuo que permite la aparición de “espacios habitados en tránsito” que son los nuevos nodos de esa ciudad: Malls comerciales, terminales y estaciones, aeropuertos, telecentros, etc. Es decir, la ciudad convertida en Parque Temático.

9 de mayo de 2010

Pobreza y "karaokes" del conocimiento en la Ecoregión Eje Cafetero

La informalidad y precariedad del empleo es una característica principal de la Ecoregión Eje Cafetero.


Por: Luis Fdo. Acebedo R

Las últimas mediciones sobre empleo, pobreza y desigualdad realizadas por el DANE y el PND, muestran una triste y preocupante realidad para la Ecoregión Eje Cafetero. Manizales tiene el 45.4% de su población en condiciones de pobreza y 11.7% en pobreza extrema. Pereira, tiene 42.8% y 8.7% respectivamente. Manizales refleja la situación más crítica de las 13 principales ciudades colombianas evaluadas. Su situación en todo caso es similar al promedio nacional, lo cual no es propiamente un signo de consuelo.

Desde el punto de vista del desempleo, la situación no es menos alentadora. Los indicadores de mercado laboral del DANE en los primeros meses del año (enero-marzo) muestran a las ciudades principales de la Ecoregión punteando también en tasa de desempleo. Pereira con un 22%, Armenia 17.7% y Manizales 17.6%. En general, podría decirse que desde el año 2001 estas cifras no cambian significativamente. Y eso es precisamente lo más preocupante de todo porque estamos hablando de una década perdida, o lo que es lo mismo, de un problema estructural en la generación de empleo productivo.

Casi nada se ha dicho en la región sobre estos datos tan escalofriantes que deberían ser motivo de una profunda reflexión y análisis por parte de los expertos y la academia en general. Quizás porque los medios nos tenían adormilados con un optimismo que nos mostraba un panorama de pesebre navideño en donde el “empuje de nuestra raza” y los “magníficos” indicadores de competitividad, como aquel de ocupar los primeros puestos en facilidades para hacer negocios, nos hacían pensar que habíamos entrado en una senda de progreso irreversible. En efecto, según las últimas encuestas del Doing Business para Colombia (2010), Manizales ocupa el primer lugar en el país para hacer negocios, Pereira el tercero y Armenia el séptimo. En Armenia se requiere solo un día para abrir un negocio, en Pereira dos y en Manizales tres.

Pero finalmente ¿qué significa que la región sea la primera en posibilidades de hacer negocios según las demandas del mercado globalizado y a su vez los primeros en pobreza y desempleo? En nuestra opinión, se trata de una contradicción entre el modelo de desarrollo y las realidades socio-productivas de la región. En efecto, nuestros gobernantes han sido mucho más diligentes en crear oportunidades de negocio para los inversionistas extranjeros que para los empresarios locales. Por eso las dinámicas más importantes están en la apertura de los llamados call center, las zonas francas, los parques temáticos, los nuevos hipermercados y comercios de grandes superficies, la especulación inmobiliaria en las ciudades con megaobras o macroproyectos de grandes costos y pocos impactos en la generación de empleos fijos, los estímulos a la producción de biocombustibles de exportación con plantas exógenas como la higuerilla, etc.

Esta circunstancia ha ocasionado que ni se atraigan empresas en la cantidad y calidad que se requiere, ni se generen nuevas empresas. Y las existentes se mantengan en el filo de la navaja, sujeto a los vaivenes de la economía mundial o a las crisis producidas por las coyunturas políticas de los gobernantes de turno en el contexto latinoamericano, en donde los flujos de comercio son más dinámicos para la Ecoregión.

Este modelo ha fracasado después de más de una década de acciones en esa dirección. Su detonante no está en la innovación como nuevo factor del desarrollo sino en lo que algunos autores (Puig, 2009; Ridderstrale y Kjell, 2003) han llamado el Karaoke del conocimiento, es decir, la habilidad para repetir o imitar descontextualizadamente un recetario de “fórmulas de éxito” cuyos “lugares de enunciación” poco o nada tienen que ver con las realidades nacionales, regionales y locales.

La opción de hacer un giro de la industria al comercio y los servicios como supuestos sectores de avanzada, está perjudicando seriamente la economía regional de base real por otra cuyos fundamentos están en la inversión extranjera, en mercados altamente volátiles e inestables y en la destrucción constante de empleo manufacturero.

18 de abril de 2010

La cultura ciudadana: Un cabo suelto en los Sistemas de Transporte Masivo.

Estación del SITM "MIO"en Cali.

Descubra cuántas infracciones de tránsito se están violando en esta imagen, correspondiente a una de las estaciones del "MIO" en Cali.


Por: Luis Fdo. Acebedo R

En estos días preelectorales la prensa no discute nada distinto de encuestas, candidatos y formulas mediáticas para atraer votos. Propuestas, pocas. Pero asuntos como el Sistema de Transporte Masivo en Colombia están demandando definiciones de política pública porque parece estar entrando en crisis por sus partes más débiles. Una de ellas, la cultura ciudadana.

La semana pasada sucedió una tragedia en Bogotá que nos llenó de dolor. La muerte de dos niños que fueron atropellados por un bus articulado, al parecer por su imprudencia al atravesar el carril exclusivo de Transmilenio para tratar de colarse por las puertas de entrada y salida de pasajeros. Ha sido una práctica bastante común entre muchos jóvenes estudiantes que se ahorran el pasaje poniendo en riesgo sus vidas diariamente. La tragedia se veía venir. Así como también hemos visto un incremento de los accidentes de tránsito entre buses articulados, vehículos particulares y motociclistas atrevidos.

Pero este no es un tema exclusivo del Distrito, casi me atrevería a afirmar que es un asunto de las ciudades que han puesto a funcionar este sistema (Pereira, Bucaramanga, Cali, Cartagena). Mientras en Bogotá lloraban a sus muertos, en Pereira fui testigo de la manera como se replicaban comportamientos suicidas por parte de ciudadanos imprudentes, quienes en hora pico saltaban desesperados al carril exclusivo del Megabus buscando el camino más expedito para llegar a sus casas sin las incomodidades de largas filas de vehículos esperando pacientemente su turno para circular por calles absolutamente congestionadas. En tan solo quince minutos, vi muchas motocicletas circulando cómodamente por el canal del Megabús, algunos vehículos particulares, varios taxis, un carro de placas oficiales y, en medio de todos ellos, un carro de la policía que ni se daba por enterado de semejantes despropósitos. Y como para colmo de males observé un adolecente atravesando a veloz carrera toda la Avenida, primero el carril normal atestado de vehículos, luego saltó como una gacela al carril exclusivo del Megabus, con tan mala suerte que por ese canal venía una taxi a toda velocidad. No sé porqué no ocurrió un fatal accidente, tal vez por la pericia del joven, quién seguramente aprovechó el desorden para robar algún celular y salir en desbandada.

Creo que están haciendo falta más políticas culturales - y de carácter permanente - para lograr una plena aceptación del Sistema Integrado de Transporte Masivo en nuestras ciudades, especialmente para cumplir colectivamente unas normas básicas sin las cuales, un sistema altamente estandarizado como el que estamos comentando no puede funcionar. Es necesario que el folclorismo que nos ha caracterizado por décadas en los temas de movilidad urbana vaya quedando atrás. No se puede dejar que las lógicas de la movilidad privada invadan los SITM sin que haya mecanismos eficientes de control que involucren acciones de educación, prevención y sanción eficiente a los violadores flagrantes de las normas de movilidad y tránsito del sistema masivo. Estas acciones tienen que ser compartidas por los nuevos empresarios del transporte y los gobiernos municipales, pues así como el gobierno nacional y las ciudades les ha concedido el privilegio y la exclusividad para operar un sistema de transporte, también deben contribuir con la financiación de los programas orientados a educar a los usuarios y a los ciudadanos en general en el buen uso del sistema y el respeto de las normas de tránsito. No vaya a ser que, como ha sido usual en la gestión urbana en general, los beneficios sean apropiados por los particulares, mientras que los costos se les trasladan al gobierno y por delegación, a los usuarios del servicio público.

El gobierno ha sido muy diligente en diseñar una política nacional de transporte urbano y masivo (Documento CONPES 3260 de 2003) orientado en buena medida a garantizar nuevos espacios de participación del sector privado en el desarrollo y operación de un trasporte urbano de pasajeros más eficiente. En el desarrollo de esta política no se previeron acciones culturales y de educación ciudadana orientadas a cambiar los hábitos de usuarios, pasajeros y ciudadanos en general para asumir los nuevos sistemas de movilidad, por lo cual, esta responsabilidad no es de obligatorio cumplimiento para los gestores de los SITM. Adicionalmente, es necesario garantizar los instrumentos necesarios para la participación ciudadana dentro de las empresas gestoras con el fin de aportar a la mejora continua el servicio.

6 de abril de 2010

Nuevos aires para la Ecoregión Eje Cafetero tras el voto por la autonomía de la Región Caribe

Ecoregión Eje Cafetero. Fuente: http://www.sirideec.org.co/

Por: Luis Fdo. Acebedo R.

El pasado 14 de marzo, los costeños nos sorprendieron positivamente con la importante votación que recibió la iniciativa de papeleta a favor de la autonomía de la Región Caribe incluida dentro de los comicios electorales para Senado y Cámara de Representantes en Colombia. Mientras se esperaba obtener algo más de un millón de votos, la realidad demostró que fácilmente podría estar duplicando esa cifra. Los resultados parciales están sugiriendo una altísima votación de los costeños, toda vez que en el resto del país fue casi imposible votar porque ni los registradores ni los jurados fueron capacitados para recibir y contabilizar esa papeleta. Fue otro voto de opinión, sin duda, que expresa el deseo de pasar de un país centralizado a otro compuesto por regiones.

El voto Caribe decía: “Voto a favor de la Constitución de la Región Caribe como una entidad territorial de derecho público, con autonomía para la gestión de sus intereses, que promueva el desarrollo económico y social de nuestro territorio dentro del Estado y la Constitución colombiana”. Se trata de una vieja aspiración surgida desde la base de la sociedad orientada a reconocer que Colombia es más un país de regiones, y que la descentralización fue importante pero insuficiente. Es necesario abrirle paso a la autonomía como una manera de abordar asuntos del desarrollo cultural y territorial que la reforma constitucional de 1991 no logró resolver, aunque estaba en la esencia de los conflictos que la gesta independentista de 1810 dejó pendientes. Tampoco lo ha hecho el Congreso de la República en sus 17 intentos fallidos por aprobar una Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (LOOT) como mandato constitucional. Difícilmente podrá hacerlo, pues necesariamente iría en contravía de sus propios intereses y cuestionaría la esencia del poder local basado en las maquinarias electorales y el clientelismo.

Los procesos de regionalización en Colombia tienen que surgir de abajo hacia arriba y como construcciones culturales de hecho. Sólo de esa manera ganarán reconocimiento y podrán convertirse en opción de derecho. El voto por la Región Caribe es una expresión de esta realidad. Aún así, no hay plena garantía de que el nuevo Congreso que se instala en el mes de julio interprete ese sentimiento popular. Fals Borda y Ernesto Guhl propusieron “la insurgencia de las provincias” como una manera de destrabar un nuevo ordenamiento territorial en Colombia, más participativo y democrático.

La Ecoregión Eje Cafetero es otra de las múltiples expresiones de construcción de región desde la base de la sociedad. Comenzó a adquirir forma a partir de la formulación del Plan “Construcción de un Ordenamiento Territorial para el Desarrollo Sostenible en la Ecorregión Eje Cafetero”, cuya primera versión se publicó en el año 2002. Este proyecto, surgido de un convenio entre el Ministerio del Medio Ambiente, la Corporación Alma Mater y el Forec, se propuso en una primera fase “ambientalizar” el ordenamiento territorial al nivel regional, dado que los POT municipales carecían de los instrumentos para identificar, planear y gestionar las principales estructuras ambientales y ecológicas que le sirven de soporte a la región. Una segunda fase trabajó en el estudio del sistema de ciudades de la región y de sus formaciones metropolitanas. Son esfuerzos que intentan desarrollar la idea del territorio como nuevo factor de oportunidad, lo cual implica la búsqueda de nuevas relaciones entre lo urbano y lo rural desde una perspectiva integrada e integral.

A pesar de los enormes esfuerzos de sus impulsores y de la destacada participación de la sociedad civil en su formulación, este proyecto no ha contado con el apoyo decidido de las administraciones municipales ni de las gobernaciones. Las Corporaciones Autónomas de cada uno de los Departamentos que en principio fueron líderes en su formulación, ahora parece que han quedado exhaustas al no encontrar eco en las autoridades de orden departamental y nacional, por lo cual han ido perdiendo el interés por alcanzar una visión regional de la sostenibilidad ambiental y cultural. Desde la academia, y particularmente desde Alma Mater, se hace un nuevo esfuerzo por lograr aprobar un documento CONPES como un recurso salvavidas para dotar de instrumentos de financiación y gestión a esta importante iniciativa. Los avances han sido lentos y el compromiso de los líderes políticos regionales y nacionales casi nulo. Sólo palmaditas en la espalda.

Creo que la Ecoregión tendría que explorar otras alternativas más ciudadanas, acudiendo al constituyente primario, bien a través del voto de opinión como el que lideró la Región Caribe, o por una opción más profunda y democrática como podría ser una Constituyente Regional para lograr consolidar un nuevo ordenamiento político y territorial que vivifique los conceptos de región, provincias y asociaciones municipales de acuerdo a los artículos 300, 319, 321 y 329 de la Constitución Política.

Con el reconocimiento de las regiones en Colombia y la dotación de instrumentos financieros y de gestión para abordar las problemáticas socio-culturales y territoriales que ni los municipios y departamentos se han comprometido a resolver, lograremos provocar cambios tan importantes como:

- Superar la visión obsoleta y reduccionista de áreas metropolitanas por otra mucho más amplia de región metropolitana que integre áreas urbanas y rurales en torno a proyectos sostenibles.

- Lograr dinámicas de asociación, cooperación y subsidiariedad, que reemplacen la odiosa competitividad entre ciudades. Potenciar lo que nos une, en vez de profundizar en lo que nos divide.

- Abordar nuevas formas de ordenamiento territorial basadas en Cuencas Hidrográficas o Sistemas Ambientales Estratégicos.

- Resolver regional o subregionalmente asuntos claves como la disposición de residuos sólidos, la administración del recurso agua, grandes equipamientos metropolitanos, entre otros.

- Simplificar el sistema electoral y acabar con las microempresas electorales y clientelistas.

- Promover redes urbanas polinucleares a través de conceptos más horizontales como el de “ciudades y región” que superen la visión jerarquizada de “ciudad-región”.

Bajo estas circunstancias, las regiones deben ser instrumentos flexibles y no entidades territoriales cerradas. Deben ser el resultado de realidades socioculturales y productivas, promover procesos de desarrollo que tengan como propósito la integración, más que la fragmentación. Las regiones son expresiones territoriales vivas y dinámicas de la sociedad.


10 de marzo de 2010

Algo más sobre el fracaso de los “proyectos inteligentes” en Manizales

A pesar de que la propia administración encargó al Arquitecto Gerardo Arias el diseño de un proyecto de centro comercial para consolidar la manzana en donde se construyó la estación del cable aéreo en el centro de la ciudad, éste quedó aplazado a la espera de inversionistas privados. Es una de las consecuencias prácticas de la fragmentación de los proyectos urbanos y la ausencia de una planeación integral.


Por: Luis Fdo. Acebedo R

El derrumbe del Transporte Integrado de Manizales –TIM- a una semana de haberse inaugurado, es sólo la punta del iceberg del fracaso de toda una concepción sobre la manera de planear y gestionar unos proyectos urbanos que pudieron haberse inscrito dentro de la categoría de “inteligentes” pero que resultaron ser verdaderos “paquetes chilenos”, megaobras con saldos en rojo, tanto en términos financieros como cívicos y culturales.

Las administraciones de Luis Roberto Rivas y Juan Manuel Llano, pusieron un especial énfasis en un concepto de gobernabilidad según los principios rectores del mercado, traducido en unas actuaciones públicas a favor de las empresas privadas. Sería injusto asimilar este concepto a lo que se conoce hoy en día como gobernanza. Son créditos que no se merecen, porque lo suyo es una mera vulgarización de una categoría de análisis mucho más compleja que involucra al sector público con el sector privado en redes horizontales de cooperación, complementariedad e intercambio en torno a la competitividad de las ciudades. Aunque no comparto la idea de convertir la gestión pública en una feroz carrera por la competitividad de los mercados, sí considero conveniente la búsqueda de alianzas entre los sectores públicos y privados para lograr propósitos de interés general y colectivo, tal y como lo concibe la ley de desarrollo territorial.

La Real Academia de la Lengua define la gobernanza como “Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía”. Ciertamente se refiere a ideales de co-dirección, co-gestión y conducción (Brand, Prada, 2003) que han quedado prácticamente ausentes en la planeación-gestión de los proyectos y macroproyectos urbanos desarrollados en los últimos años por las administraciones municipales de Manizales.

Luego de que la ciudadanía rechazara categóricamente a los caciques electorales que por tanto tiempo administraron la ciudad de Manizales y el Departamento a partir de la corrupción, las clientelas y el CVY (Cómo Voy Yo ahí), se dio paso a una suerte de tecnócratas, o mejor, a políticos con formación de gerentes. En un principio, este giro fue apoyado por la ciudadanía como una manera de salirle al paso a las formas más arcaicas de gobierno. Pero superado el primer escoyo y luego de varios años de ejercicio por parte de los tecnócratas, los ciudadanos han puesto serios reparos a esa particular manera de gobernar la ciudad entregándole a los privados parte de los poderes y funciones públicas, junto con cuantiosos recursos financieros, en nombre de la eficiencia y la transparencia del gasto. Estas medidas no han dejado de ser alternativas ingeniosas para prorrogar por nuevos medios, la corrupción y el clientelismo.

Los ejemplos son muchísimos. Por su carácter más reciente resaltaría los proyectos de vivienda de interés social, el “Paseo de los Estudiantes”, el macroproyecto San José, el Cable Aéreo, los Call Center, el TIM, entre otros. Si se estudian con detenimiento estos proyectos, casi todos tienen un mismo patrón de comportamiento:

- Se asignan contratos a dedo o se crean empresas mixtas administradas por particulares y a favor de los intereses privados.
- Se debilitan los mecanismos de participación ciudadana o se suprimen. En el mejor de los casos se habilitan instrumentos de socialización e información.
- Se basan en estudios técnicos para legitimar los proyectos, pero generalmente se ignoran sus recomendaciones, especialmente cuando afectan los intereses privados. Estos últimos terminan por imponer sus conceptos y criterios en detrimento del interés público y colectivo.
- Se niega la posibilidad de participación de las comunidades en la estrategia de gestión (gestión asociada), especialmente de los pequeños propietarios. El Estado asume una costosa tarea de compra de los inmuebles para luego entregarlos saneados y a precios de feria a los promotores inmobiliarios, empresas privadas y sector financiero. Es por lo tanto, expulsor de la población más pobre en pro de una reapropiación de sectores sociales medios y altos.
- Son proyectos que se fraccionan, tanto en términos de planeación como de gestión, afectando el manejo unitario, integrado y sostenible, lo cual se traduce en sobrecostos, soluciones incompletas y deficitarias, perjudicando sensiblemente al ciudadano, usuario de los equipamientos y servicios que se ofrecen. Por lo general sólo se desarrollan los sectores más rentables del proyecto, aplazando indefinidamente las áreas que les representan gastos.
- El énfasis está en la rentabilidad del proyecto y no en la elevación de la calidad de vida de la población. Muchos menos en la producción sostenible de la ciudad porque su verdadero proyecto es la anticiudad.
- El tratamiento de terroristas para las legítimas protestas de los ciudadanos, ante tantos atropellos al pleno ejercicio de sus derechos constitucionales y legales en la construcción de ciudad.

Lo paradójico de todo ello es que en Colombia existen las leyes que obligan a hacer todo lo contrario de estas prácticas, es decir, obligan a concebir el urbanismo, la planeación y el ordenamiento territorial como funciones públicas en procura de defender el interés colectivo, estimulan la gestión asociada de los proyectos, facilitan la participación social, promueven la repartición equitativa de las cargas y los beneficios, obligan a la protección del medio ambiente, etc. Lo que sucede es que desde el nivel central, es decir, desde la presidencia, las prácticas han sido contrarias al derecho y a la constitución política, lo cual ha dado patente de corso para que sus áulicos del nivel departamental y municipal se sientan con la fuerza suficiente para imitarlo.

Al cierre de esta columna, conocimos que la Corte Constitucional también declaró inexequible la disposición que le otorgaba al gobierno nacional la facultad de diseñar macroproyectos de inversión social. Ya habíamos advertido sobre la ilegalidad de estas medidas cuando el 1° de noviembre de 2009 publicamos un caleidoscopio titulado “MINS: Más subsidios pero para los ricos de la ciudad”. Allí nos hicimos la siguiente pregunta: “¿Acaso no estamos frente al empleo amañado del instrumento MINS que configura, además, un uso ilegal?”. La Corte Constitucional ha interpretado una vez más nuestra indignación. Pero eso poco importa a los gobernantes locales, para quienes la aprobación del Macroproyecto San José por el gobierno nacional y su nivel de desarrollo actual, lo legitiman. La verdad es que otro juez de la república, apegado a las leyes y a la constitución, debería tomar la decisión de paralizar este proyecto.

La ciudad durará varios años en recuperarse de los costos y las frustraciones que dejará un estilo particular de gobierno de lo público a partir de las lógicas y los intereses del sector privado. Sólo queda hacer votos porque los jueces sigan ejerciendo el control legal y la ciudadanía continúe haciendo uso de sus derechos de expresión para echar para atrás semejantes abusos de autoridad.

3 de marzo de 2010

El TIM y el PIN no son tan inteligentes

Propaganda del TIM que los estudiantes sobrescribieron con la palabra "Farsa". Al fondo, escuadrones de policía detrás de la marcha de ciudadanos en contra del nuevo Sistema Integrado de Transporte.

Fuente: Elaboración propia

Por: Luis Fdo. Acebedo R

Hace menos de una semana comenzó a operar el “nuevo” Transporte Integrado de Manizales –TIM-. Básicamente se trata de una solución híbrida en la cual se le incorpora a los buses y busetas tradicionales de transporte público que operan en la ciudad, la tecnología GPS (Global Positioning System, por sus siglas en inglés) para controlar por satélite el sistema de rutas, el movimiento de los vehículos y pasajeros, los tiempos empleados, el uso adecuado de los paraderos por parte de los conductores, el ingreso y salida de los pasajeros a los buses, entre otros temas. Prácticamente se nos dijo que era una especie de “Gran Hermano” con cámaras y satélites vigilándonos para controlar todos los movimientos derivados de la movilidad con el propósito de lograr que nadie se salga del sistema y que todos funcionemos como relojitos.

Pero lo que se anunciaba como una gran innovación tecnológica para mejorar y optimizar el servicio de transporte público de las ciudades de Manizales y Villamaría se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para los usuarios. Las gentes inconformes comentan en las calles, en los paraderos y también en las marchas cívicas, todos los trastornos que han tenido que padecer durante estos primeros días de operación del sistema. Una verdadera asonada se presentó ayer en el centro de la ciudad por el rechazo a la improvisación, los sobrecostos, la falta de información, las dificultades en el uso de las “tarjetas inteligentes”, el desorden en las rutas, la pérdida de dinero en la carga de las tarjetas, la privatización de una parte importante del servicio y un largo etcétera que colmó la paciencia de los usuarios.

Las quejas van más allá de unas fallas coyunturales como producto del ajuste del sistema; se trata de un total cuestionamiento al diseño mismo del sistema y su puesta en operación.

Asambleas estudiantiles, protestas de los comités de usuarios de los servicios públicos, movilizaciones callejeras, asonadas, acciones populares, propuestas de cabildo abierto y de paro cívico, son algunas de las actividades y propuestas que se desarrollan a solo cinco días de funcionamiento del TIM.

¿Cómo podemos interpretar lo que está sucediendo? ¿Y qué alternativas se deben buscar?. Estas son algunas ideas que planteamos desde la academia, orientadas a enriquecer el debate.

El Sistema Integrado de Transporte –SIT- es definitivamente una opción válida para construir ciudades inteligentes y territorios del conocimiento, pero como lo hemos advertido en otras oportunidades, no se trata simplemente de importar nuevas tecnologías, sino y sobre todo, de aplicarlas a las condiciones locales con el propósito de mejorar la calidad de vida y el bienestar de las gentes. Es decir se requiere endogenizarlas. En los territorios del conocimiento deben confluir por lo menos cuatro fuerzas motoras que dinamizan y hacen posible las innovaciones urbanas: Tiempo, Espacio, Innovación y Movimiento. En el caso que nos ocupa ninguna de ellas operó como fuerza motora, lo cual explica la respuesta ciudadana. Veamos algunos ejemplos:

Tiempo: Las condiciones actuales que vive la ciudad, especialmente aquellas relacionadas con tasas de desempleo superiores al 15% y una informalidad productiva mayor al 60% obligan a una parte muy importante de los ciudadanos a vivir al día, a conseguir diariamente los recursos para su sustento. De hecho, muchos de ellos prefieren movilizarse a pie por la ciudad. El TIM es muy poco flexible con esta realidad al obligar a las personas a comprar una tarjeta para luego recargarla cuando escasamente cuentan con el valor del pasaje. Esta situación se aplica a la población estudiantil (más de 200 mil) para quienes no se pensó en una opción de tarifas preferenciales.

Innovación: La nueva tecnología GPS aplicada al SIT se está incorporando con el único criterio de máxima rentabilidad y eficiencia en el negocio de transporte. Los ciudadanos han identificado que dentro de esa lógica, todos ganan menos el usuario. Ganan las empresas multinacionales distribuidoras de las nuevas tecnologías, gana el sistema financiero con la bancarización del sistema, gana una empresa de chance con la recarga de las tarjetas, gana la administración municipal con la constitución del TIM como empresa industrial y comercial del estado, gana el PIN (Proyectos Inteligentes) como empresa privada operadora de las nuevas tecnologías, gana la empresa Cable Aéreo que encontró quien subsidiara este otro sistema impuesto por la administración municipal anterior sin ningún estudio de factibilidad ni de demanda. Pierden los usuarios porque se les ha impuesto un sobrecosto en los pasajes para poder financiar y subsidiar a todos los intermediarios del sistema. En últimas, la percepción de los ciudadanos es que todo cambia para que el sistema de transporte siga igual o peor. Tampoco se pensó en soluciones tecnológicas adecuadas para la población en situación de vulnerabilidad.

Espacio: Es un sistema montado sobre los intangibles de la tecnología, sin un soporte real en los tangibles del espacio físico de la ciudad. Son proyectos sin ciudad, son la anticiudad. Es increíble que el nuevo SIT, haya comenzado a operar sin recualificar los espacios urbanos que le deben servir de soporte: Nuevos y mejores paraderos para evitar que los conductores de buses recojan y dejen los pasajeros en cualquier parte, verdaderas terminales de buses y no patios al aire libre que generan inseguridad en los barrios, nuevos y generosos espacios públicos que sirvan de soporte al sistema, estaciones de transferencia, señalización adecuada de rutas, etc, etc.

Movimiento: Se refiere fundamentalmente a la capacidad de gestión de la administración municipal y a la búsqueda de procesos sinergéticos orientados a lograr la participación de la sociedad en el proyecto. En efecto, desde el punto de vista de los gobernantes, el proyecto se ha impuesto como una unidad de negocios inspirado en la competitividad. La administración municipal en este caso ha fungido como promotora del negocio y en contra de los intereses públicos y colectivos de la ciudadanía. Es una gestión urbana sin participación ciudadana. Es la privatización de la gestión pública.

Bajo estas consideraciones todo ha salido mal. Podemos afirmar categóricamente que no es un proyecto inteligente para una ciudad inteligente. Más bien es un proyecto de competitividad empresarial en un entorno social altamente empobrecido y desigual.

Para superar estos escoyos, proponemos un nuevo giro caleidoscópico, un verdadero acuerdo ciudadano en torno a un SIT sostenible, un nuevo modelo de desarrollo de la ciudad en donde realmente se puedan activar estas fuerzas motoras en un sentido virtuoso, porque las nuevas tecnologías son necesarias, siempre y cuando no desvirtúen el verdadero propósito de las ciudades inteligentes, de los territorios del conocimiento: Elevar sustancialmente la calidad de vida de los ciudadanos.

1 de marzo de 2010

La “Canción del elegido” y el fracaso de la Reelección

Aspecto de la Comuna 13 en Medellín. La pintura de las fachadas de los ranchos no esconde la pobreza y la violencia que agobia a los habitantes de esos barrios.

Por: Luis Fdo. Acebedo R

El reciente fallo de la corte constitucional sobre el referendo reeleccionista constituye un respiro democrático en medio de la cadena de violaciones a las normas y procedimientos legales contemplados por la ley para tramitar este tipo de iniciativas. Los más neófitos en el tema veíamos con absoluta sorpresa, las trapisondas de los uribistas para imponer a como diera lugar el referendo reeleccionista, con el autoritarismo que los ha caracterizado desde que triunfaron en las elecciones del 2002 y con el desprecio por las propias leyes que los congresistas juraron respetar y acatar. Todo les parecía posible en nombre del Estado de Opinión y nada les era vedado para lograr el objetivo supremo de prorrogar por segunda vez el mandato del presidente.

En un país profundamente católico, se orquestó todo un proyecto mediático en el cual las capacidades excepcionales de trabajo del presidente lo hacían asimilable a un ser de otro mundo, “a un animal de galaxia” como diría la “Canción del elegido” de Silvio Rodríguez. En él debíamos depositar toda la confianza y endosar todos los derechos constitucionales para que ese líder, el mesías, pudiera usarlos como a bien tuviera. “Y al fin bajo hacia la guerra…¡perdón!, quise decir a la tierra”, dice la canción de Silvio. Y en guerra nos mantuvo durante ocho años bajo el anhelo de lograr la paz. Pero la paz sigue aún esquiva, tanto en el campo como en la ciudad. Y un número creciente de jóvenes abandona las aulas para empuñar los fusiles, cada uno defendiendo sus propias causas, pero manteniendo al conjunto de la sociedad en constante zozobra por las balas que se cruzan a diario en las callejuelas de los barrios más humildes, matando niños inocentes en la tranquilidad de su cuna.

Con el mensaje de “si no es él, entonces quién”, los colombianos se fueron acostumbrando a aceptar dócil y acríticamente cada una de sus decisiones personales, tomadas espontáneamente en cada consejo comunitario, transmitido por la televisión en vivo y en directo o desde los Call Center como máximas expresiones de la democracia directa, o del Estado de Opinión, según José Obdulio Gaviria, el llamado “Goebbels” de la seguridad democrática.

Pero diferentes sectores de opinión fueron despertando poco a poco del sedante mediático desde cuando los jueces comenzaron a fallar en contra de los congresistas parapolíticos, o cuando se nombró un procurador general para pronunciarse en nombre de la comunidad católica y no de los intereses superiores del Estado contra los derechos de los homosexuales o de las mujeres para decidir la interrupción de los embarazos no deseados; y también cuando el procurador comenzó a suplantar a los jueces legítimos en los procesos judiciales de los amigos del gobierno. Luego llegaron los llamados “falsos positivos” como novedoso sistema de estímulos económicos en las FFAA, el descubrimiento de una fosa común en la Macarena con más de 2000 cuerpos baleados que apenas si recibió un tratamiento de segundo orden en los medios masivos de comunicación y la ausencia de explicaciones por parte del gobierno, el rechazo generalizado a la idea de convertir a los estudiantes en informantes y los decretos de emergencia económica y social para reformar la salud a imagen y semejanza de las EPS privadas.

Cuando ya habíamos superado cualquier capacidad para sorprendernos, llegó el fallo de la corte constitucional, “descubriendo” una veintena de irregularidades cometidas por los promotores del referendo que ya eran vox populi, tales como el aporte de dineros ilegales y la violación de los topes a la financiación de la campaña, el incumplimiento de los procedimientos trazados por la Comisión Nacional Electoral para el trámite de la iniciativa, el cambio de la pregunta del referendo por parte del Congreso de la República, y otra cantidad de irregularidades que no alcanzaríamos a reseñar en este corto espacio. Lo que verdaderamente sorprende es que para el Procurador General de la Nación estas irregularidades, algunas de las cuales constituyen delitos, eran simples asuntos de forma que no impedían el paso airoso de esta iniciativa por los controles constitucionales. Lo que sorprende es que ningún juez eleve cargos contra esos delincuentes de cuello blanco.

Algunos uribistas, tratando de cubrir el oso que hizo el procurador, justifican su decisión con el pretexto de que hay tantas interpretaciones legales como abogados. Pero no puede ser posible que la constitución política esté sometida a semejantes vaivenes. Más bien, tendremos que darle el crédito que se merece Marx cuando en el XVIII Brumario de Luis Bonaparte describió con total maestría la ética burguesa al afirmar que ella crea el derecho, luego lo limita y posteriormente lo suprime. Lo crea como una posibilidad de disfrute para sí mismo sobre la idea del interés colectivo, lo limita cuando este disfrute del derecho por otras clases pone en peligro su propio goce como privilegio y lo suprime finalmente en nombre de la seguridad pública. Ahí está la esencia del modus operandi de la burguesía y las limitaciones mismas de la democracia.

No estoy muy seguro de la independencia de poderes en Colombia como pilar de la democracia, mucho menos cuando los responsables de los órganos del poder terminan siendo elegidos por el guiño del presidente. Lo cierto del caso es que por alguna suerte del destino no operaron las cadenas de oración en la Procuraduría para declarar la constitucionalidad del referendo; tal vez, otra cadena, la de las irregularidades y abusos cometidos por los uribistas con la anuencia del gobierno en los diferentes frentes que comentamos más arriba, generó un gran desgaste de opinión pública en la figura del presidente y su equipo, lo cual provocó el pronunciamiento final de la Corte Constitucional, constituyéndose en un juicio histórico por lo que ello representa para el mapa político y electoral de los próximos meses y el futuro de Colombia.

Lo cierto del caso es que la hegemonía de la seguridad democrática se ha venido a pique y hoy saludamos que por fin Álvaro Uribe finiquite su largo mandato y regrese con Lina y los niños a la hacienda El Ubérrimo a ejercer sus labores de capataz en los límites de su parcela. Pobre Lina.

22 de febrero de 2010

Planes de Ordenamiento Territorial (POT) y territorios del conocimiento en la Ecoregión Eje Cafetero.

Laboratorio del Centro Nacional de Investigaciones Cafeteras - Cenicafé- en el departamento de Caldas, Colombia. Su misión es desarrollar tecnologías apropiadas, competitivias y sostenibles para el bienestar de los caficultores colombianos.

Por: Luis Fdo. Acebedo R

Una lectura transversal a los POT y a los últimos planes de desarrollo municipal y departamental de la Ecoregión Eje Cafetero nos permite sacar algunas conclusiones sobre las líneas de deseo en la construcción de territorios del conocimiento en esta zona del país.

Podría decirse de manera general que el interés último de los POT de los tres municipios principales de la Ecoregión Eje Cafetero fue tratar de posicionarlos en un escenario de territorios ganadores para poder pertenecer al sistema de ciudades globales. Bajo este paradigma, las prioridades fueron muy claras:

- La adopción de la competitividad como eje de la gobernabilidad. En este sentido, el gobierno de la ciudad o del departamento se asimila al de una empresa y de esta manera se establecen fuertes relaciones de trabajo con los empresarios, especialmente en cuanto a lograr que las administraciones locales se comprometan con la agenda privada fuertemente asociada a suplir las necesidades de infraestructura y gestión de una economía exportadora.

- El impulso de la sostenibilidad ambiental como premisa para promover criterios de equidad, calidad de vida, dotación de espacios públicos y equipamientos para la competitividad. La sostenibilidad ambiental como meta relato está presente en casi todas las políticas públicas y de ordenamiento territorial, toda vez que se ha vuelto ¬-como los derechos humanos- un prerrequisito para la obtención de recursos de la comunidad internacional. Sin embargo, las acciones y programas de gobierno están más orientadas hacia determinados sectores, tales como los bienes y servicios ambientales (turismo agrícola, bosques productores, CO2, etc.). Desde el punto de vista agrícola, una tendencia, aún incipiente, pero con un claro estímulo, hacia el incremento de la producción de cultivos para la generación de materia prima en la generación de biocombustibles. En este sentido, se subestiman temas como la seguridad alimentaria regional y nacional, la protección de bosques y cuencas hidrográficas para garantizar las aguas de consumo humano, el fortalecimiento de los ecosistemas estratégicos, entre otros.

- Una espacialidad asociada al territorio del conocimiento limitada a los nichos de la economía exportadora, es decir, las infraestructuras de conectividad física con los puertos nacionales de exportación y las ciudades capitales más importantes (Bogotá, Medellín, Cali), y a edificios singulares o conjuntos de edificios especializados para la nueva economía (clusters, zonas francas, parques tecnológicos, etc.). En este sentido ha faltado una política más integral que asocie a todas las actividades generadoras de conocimiento en un Sistema Regional del Conocimiento y la Innovación.

- La creación de múltiples estímulos al capital extranjero asociados a las facilidades de inversión, a la creación de expectativas de negocio en infraestructuras para la competitividad. En algunos casos esos proyectos avanzan lentamente (Aeropalestina, carreteras regionales, etc.), lo cual ha incidido en sobrecostos de las obras; otros, se mantienen todavía como una oferta especulativa, a la espera de inversionistas extranjeros dispuestos a asumir riesgos (Puertos de Tribugá y La Dorada, atracción de industrias del software, etc.).

- La construcción de Región a partir de los macroproyectos. Tanto los POT como los planes de desarrollo impulsan la unidad regional o subregional como una necesidad de integración para el logro de sus objetivos estratégicos; sin embargo, esta idea sólo parece concretarse a partir de los macroproyectos, especialmente los de conectividad y competitividad. Al respecto, poco se ha avanzado en la concepción integral de la región y su sistema de ciudades. Pereira, Dosquebradas y La Virginia cuentan con el Área Metropolitana de Centro Occidente (AMCO), entre cuyas funciones más importantes están asociadas con la movilidad regional (sistema masivo de transporte), la promoción de zonas francas, parques industriales y proyectos turísticos. Otros municipios, altamente integrados (Santa Rosa de Cabal, por ejemplo) están por fuera del Área Metropolitana, quizás porque no están en el eje de la competitividad. En el caso de Caldas, el proceso de metropolización subregional entre Manizales, Villamaría, Chinchiná y Palestina, sólo avanza por la construcción de Aeropalestina, dejando a la dinámica del mercado el devenir de la subregión centro-occidente del departamento. Igual sucede en el caso de los procesos metropolitanos del Quindío, especialmente entre Armenia, La Tebaida, Montenegro, Calarcá y Circacia, en donde la dinámica turística y económica (Puerto seco, zona franca) van marcando sus propios derroteros, detrás de los cuales va la planeación del territorio.

¿Desde qué perspectiva o enfoque se abordó el proceso?:

Una combinación de enfoques exógenos y endógenos, aunque con un predominio de la perspectiva exógena al poner los principales vectores del desarrollo de la estrategia en manos de terceros, sean nacionales o extranjeros. Nos referimos a varias circunstancias que operan simultáneamente:

- La creación de condiciones para la atracción de capitales extranjeros como base para la financiación de proyectos que dinamicen la competitividad (vías, empresas exportadoras, bienes y servicios ambientales, etc.).

- La fuerte dependencia de los recursos nacionales y extranjeros para financiar los proyectos que buscan garantizar la competitividad regional.

- El énfasis puesto en un modelo de economía exportadora, cuando, a diferencia del café, los productos están orientados al consumo interno nacional o local.

- Por contraste, y para reforzar lo anterior, las bajas inversiones en CT&i que apenas alcanzan para modernizar el aparato productivo local, orientado principalmente a la producción manufacturera. Las nuevas economías locales o regionales del conocimiento son más un proyecto materializable en el largo plazo que una realidad objetiva para aprovechar en el concierto global.

- El lento desarrollo de las cadenas productivas agroindustriales y los bajos niveles de agregación de valor.


- Las apuestas municipales y departamentales están más orientadas al fortalecimiento individual de cada entidad territorial que a la búsqueda de un destino común regional.


Estos indicios nos permiten concluir que si bien existe una apuesta local y regional por un territorio del conocimiento, el modelo escogido para llegar a él es bastante costoso para la región y poco sostenible en el tiempo. Se require avanzar en la formulación de un Sistema Territorial Regional del conocimiento y la innovación, apoyado en el sistema productivo local y orientado principalmente a mejorar la calidad de vida de sus habitantes mediante la agregación de valor a cada uno de los productos regionales.

12 de febrero de 2010

Manizales: De Eje del Conocimiento a "Call Center"

Aspecto de la remodelación de la fachada principal de la nueva empresa Call Center Emergia. Estas instalaciones pertenecían a la fábrica de plásticos Riduco, quien se relocalizó en la zona industrial de La Enea, al extremo oriental de la ciudad de Manizales.

Por: Luis Fdo. Acebedo R.

Ya casi no se habla de “Manizales Eje del Conocimiento”, una política que permaneció durante varias administraciones municipales como meta estratégica de la ciudad para promover el desarrollo local a partir de la construcción de la llamada sociedad del conocimiento.

Creo que Manizales fue pionera en el país en el impulso de esta visión, porque si la memoria no me falla, en la ciudad se viene hablando del conocimiento como factor de desarrollo desde los años 90. Al comenzar el nuevo siglo se incorporó este concepto en el plan de desarrollo y progresivamente fue perdiendo fuerza hasta desaparecer prácticamente como proyecto estratégico durante la actual administración.

El rumbo no ha sido muy claro y las políticas bastante pobres y fragmentadas. Manizales se ha movido por los caminos cenagosos de una ciudad universitaria, pasando por la idea de ciudad educadora hasta llegar más recientemente a la idea de una ciudadela del conocimiento. En medio de todo ello, se ha fortalecido la infraestructura tecnológica de colegios oficiales y universidades con aulas de cómputo y acceso a internet; se ha impulsado el surgimiento de empresas de base tecnológica, se están mejorando las carreteras y hasta se construye un nuevo aeropuerto de talla nacional [sic] dizque para exportar nuestros productos hacia los mercados mundiales del pacífico. Sin embargo, todas estas iniciativas se van desarrollando sin una política, ni un plan de mediano y largo plazo; todo se va dando al vaivén de los afanes e intereses específicos de cada administración municipal o departamental.

Más recientemente, y poniendo la competitividad como valor único y universal de los gobiernos - quienes cada vez más asumen las lógicas del mercado y de las empresas en la gestión pública-, la ciudad ha hecho la tarea de ofrecer su portafolio de medidas ante el mundo para atraer capital extranjero con la esperanza puesta en que sean ellos y no los esfuerzos productivos locales, los que dinamicen la economía de la región, generen empleo y bienestar para sus gentes. Para lograrlo, se han dado a la tarea de ofrecer a las compañías multinacionales un paquete de exenciones tributarias, zonas francas, mano de obra barata y recursos de capital para financiar la construcción de las infraestructuras necesarias para su operación. Adicionalmente, se trabaja para que nuestros niños sean bilingües, con lo cual podrán incorporarse más rápidamente al servicio BPO&O (Businnes process outsourcing & offshoring). Cuando ellos puedan traducir el significado de estas excentricidades, se darán cuenta que se trata de una estrategia global de recorte de gastos de las empresas multinacionales mediante la contratación externa del desarrollo de software, empleando a bajo costo a programadores de países extranjeros de menor renta como el colombiano y a un ejército de jóvenes bachilleres para que reciban y hagan llamadas.

Por estos días el alcalde Juan Manuel Llano anda por España tratando de convencer a algunas empresas dedicadas al negocio de Call Center para que le ayuden a completar 8 mil empleos de baja remuneración en la ciudad, de los 4.500 que ha logrado enganchar con empresas como Digitex y Emergia, junto con People Contact, que al parecer es una alianza entre el capital público local e inversionistas privados extranjeros para los mismos fines.

Yo pensaría que no tiene mucho sentido seguir hablando de “Manizales Eje del Conocimiento” porque como van las cosas, sólo llegaremos a concretar la idea de “Manizales Call Center”. El Alcalde Llano, antiguo gerente de la empresa de teléfonos Emtelsa, sólo tiene interés en convertir la ciudad en una Zona Franca Permanente Especial de servicio al cliente a través de los centros de llamadas.

Baste decir que la industria manufacturera de Caldas, con el esfuerzo de más de un siglo de labores y apoyado en buena medida en la producción cafetera, ha logrado montar un aparato productivo que no emplea más de 15 mil trabajadores en el departamento. El Alcalde Llano creará el 55% de esas plazas en tan solo dos años. Estas comparaciones no hablan muy bien de las capacidades locales para generar industria, pero tampoco de la calidad de estos nuevos empleos y de su sostenibilidad futura.

Bien es sabido que estas empresas de servicios se mueven por el mundo con una gran flexibilidad de acuerdo a la desregulación de las leyes laborales y a la oferta y la demanda de los mercados, lo cual impacta negativamente al empleo productivo de alta y baja capacitación, precarizándolo por igual. Razón tiene Saskia Sassen (2003) cuando advierte que “La nueva economía urbana no sólo refuerza las desigualdades existentes sino que pone en movimiento toda una serie de nuevas dinámicas de desigualdad”. Esto es así por el hecho de que las superganancias generadas por los servicios especializados amenaza la supervivencia de los sectores productivos más tradicionales a quienes les resulta mucho más costoso crear y conservar sus puestos de trabajo.

Vale la pena discutir estos temas públicamente. ¿Cuáles son las ciudades y regiones que queremos?. ¿Cuál es la calidad del empleo que le ofrecemos a las generaciones presentes y futuras?. ¿Queremos construir ciudades del conocimiento con sistemas productivos locales fuertes y una remuneración en ascenso, a partir de los cuales pueda consolidar su dinámica exportadora?, o, ¿Queremos ciudades de servicios con bajos salarios y altas ganancias para las multinacionales, con sistemas productivos locales débiles y una desigualdad social creciente?.

Esta última alternativa parece ser la que se impone. Un duro golpe por cierto al inmenso esfuerzo que están haciendo nuestros jóvenes por formarse en las universidades, tanto en pregrado como en posgrado, quienes tendrán que emigrar a otras regiones o países con ofertas de empleo más acordes con su nivel formativo. Un golpe mortal al sistema educativo universitario regional, quién por cuenta de políticas equivocadas desde las instituciones de gobierno seguramente tendrá que hacer grandes esfuerzos para incorporar y luego retener a sus estudiantes dentro de las aulas, dada la precariedad del empleo profesional que se ofrece en nuestras ciudades.

Se trata de replantear la sociedad y el territorio del conocimiento que estamos construyendo en nuestra región. Hasta ahora se ha hecho énfasis en un modelo exógeno de afuera hacia adentro, basado en la competitividad global de los mercados, con un reducido apoyo a la investigación, la innovación y el desarrollo de los sistemas productivos locales. Es necesario invertir este modelo por otro que se concentre en la formulación de un Sistema Territorial de Innovación de carácter endógeno, de adentro hacia afuera, anclado en los territorios regionales, solidario y colaborativo, basado en el conocimiento (I+D+i) como principal factor de desarrollo de los sistemas productivos locales.

Tal vez sea demasiado pedirle al Alcalde Llano que rectifique, pero quizás, desde la sociedad civil regional podamos construir un gran acuerdo colectivo para salvar al Eje Cafetero de estas encrucijadas exógenas.

3 de febrero de 2010

El Cable Aéreo y la anticiudad.

Espacio público en la estación Santo Domingo, uno de los barrios más pobres de la ladera noroccidental de Medellín.

Acceso a la Estación del Cable Aéreo del centro de Manizales.

Tratamiento de exteriores del cable aéreo en la estación del centro de Manizales.

Por: Luis Fdo. Acebedo R.

Desde noviembre del año pasado se encuentra en funcionamiento el cable aéreo en la ciudad de Manizales. Se trazó como una línea recta que une la nueva terminal de transportes, localizada en el sector de Los Cámbulos, con el centro de la ciudad, incluyendo una estación intermedia en el sector residencial de La Fuente. Tiene una extensión de 2,1 kilómetros aproximadamente, y comenzó moviendo 42 góndolas con una capacidad de 1.530 pasajeros por hora. Fue prevista inicialmente como una alternativa turística, aunque muy pronto comenzó a discutirse la necesidad de su ampliación como parte del sistema integrado de transporte, incorporando al municipio de Villamaría, vecino de la ciudad, desde donde se movilizan más de 10 mil personas cada día al centro de Manizales. También se tiene previsto conectarlo con el futuro aeropuerto en el municipio de Palestina.

El cable aéreo es una respuesta tecnológica e inteligente a las difíciles condiciones topográficas de la ciudad que han dificultado la movilidad de las personas. Los buses y busetas tradicionales se tornan menos eficientes y altamente contaminantes en algunas zonas de alta pendiente. En el futuro mediato el sistema de cable aéreo se convertirá, muy seguramente, en un instrumento fundamental para la movilidad metropolitana de la subregión centro-sur del departamento de Caldas, aunque los gobernantes de los municipios comprometidos sigan haciéndose los de la vista gorda para avanzar en procesos de planeación y gestión integral de ese territorio.

Medellín dio el primer paso en la adopción de este sistema de transporte, para interconectar los barrios populares de las laderas oriental y occidental de la ciudad con las principales líneas del metro que circulan raudos por el valle, paralelo al río Medellín en sentido norte-sur o atravesando la ciudad en dirección oriente-occidente. Otras ciudades de ladera, incluso Caracas, ya lo han adoptado como instrumento para conectar barrios de difícil acceso terrestre.

El cable aéreo en Medellín sirvió para desarrollar importantes obras de renovación urbana en la comuna nororiental y mejorar las condiciones y calidades del espacio público en los alrededores de las estaciones. De igual manera, contribuyó a dinamizar la actividad económica de los barrios beneficiados con su presencia. Todo esto se fue dando poco a poco, pero a través de procesos de ordenamiento territorial y operaciones urbanísticas planeadas para lograr un mejoramiento significativo de la calidad de vida y del espacio público que hoy es orgullo de todos sus habitantes, pero especialmente de aquellos que habían perdido las esperanzas de que el Estado llegara a las puertas de su casa en los confines de la ciudad.

A mediados del mes de enero decidí montar en el cable aéreo de Manizales, para percibir la ciudad desde las alturas, recorrer sus estaciones, compartir opiniones con los demás usuarios, observar sus impactos sobre el entorno. Definitivamente es una opción de transporte que la ciudad debe ir ampliando paulatinamente. Comencé a soñar en algunas posibilidades de expansión del sistema. Qué tal, por ejemplo, una línea recta que atraviese la ciudad en sentido norte sur, desde Los Cámbulos hasta Bosques del Norte, pasando por Camilo Torres, Persia, La Arboleda, Versalles, La Asunción y Comuneros?. Integraría un significativo número de barrios, tal vez los más populosos, y algunas centralidades importantes como Versalles y Asunción. Implicaría todo un ejercicio de planeación y una gran oportunidad para armar un verdadero sistema de espacios públicos articulados a las estaciones del cable. Facilitaría procesos de renovación urbana para construir senderos peatonales amplios sobre barrios con amplio déficit de espacio público, y por qué no, una que otra escalera eléctrica a espacio abierto en algunos puntos críticos de fuerte pendiente para facilitar la llegada de los pasajeros a las estaciones (...).

Después de algunos minutos en los que perdí la noción del tiempo echando globos al aire, imaginando la ciudad futura, regresé abruptamente a la estación del centro. El paseo en cable aéreo me dejó muchas preguntas e inquietudes. ¿Por qué en Manizales no es posible aprovechar la construcción de este macroproyecto para intervenir el espacio público sobre las áreas aferentes?. Pero lo que más me sorprendió definitivamente fueron las estaciones del centro y La Fuente. Parecen ser la expresión consolidada de la anticiudad, de la negación del urbanismo, de la ignorancia del espacio público, de su función y significado.

En la estación del centro, el municipio decidió tumbar toda una manzana de las edificaciones históricas de la llamada Arquitectura Republicana para construir una estación moderna del cable, pero con una sola fachada hacia la carrera 23. El resto del predio se deja como en una especie de lote de engorde, recubierto con prado y encerrado por sus tres costados con una malla metálica. No parece una medida coyuntural, previendo una “segunda etapa” como ya nos han estado acostumbrando con otras obras de importancia para la ciudad, alguna de las cuales ya se ha inaugurado dos veces sin que lleguen las soluciones definitivas.

La fachada principal también tiene unas pequeñas e inútiles zonas verdes en sus costados que nada le aportan al contexto altamente consolidado, pero en cambio, contribuyen a enlodar los alrededores porque los flujos peatonales pasan por encima destruyendo la grama y reclamando, como debe ser, espacios más amplios y libres de obstáculos para acceder o salir de la estación.

Yo propongo que las escuelas de arquitectura y urbanismo de la ciudad asuman este caso como un ejercicio de diseño urbano de alguno de los semestres de la carrera y le donen a la administración municipal un proyecto que resuelva apropiadamente la utilización de los inmensos espacios negados a la ciudad, tratados como patio trasero de la estación del cable, en pleno centro de la ciudad. Y junto con una movilización ciudadana por el derecho a la ciudad podamos demostrarle a la administración municipal que el espacio público es parte constitutivo de la arquitectura y de las obras públicas. No son accesorios ni tratamientos estéticos, superfluos o de imagen. Son, esencialmente, una necesidad de la vida urbana contemporánea que provee cultura y conocimiento a los ciudadanos.

¿O acaso, esto es precisamente lo que quieren evitar?.

28 de enero de 2010

Estudiantes "informantes"


Por: Luis Fdo. Acebedo R.

Y el gobierno persiste en su intención de involucrar a la comunidad universitaria en guerras y conflictos, a través de diferentes medios. Primero, impidiéndoles a un grupo considerable de jóvenes su ingreso a las aulas para incorporarlos a las fuerzas armadas mediante la figura del servicio militar obligatorio. Luego, mediante una oferta de cupos restringida que deja por fuera del sistema universitario a una población muy considerable de jóvenes, a merced de bandas criminales que los cooptan con ofertas de dinero para llevar a sus desvencijados hogares. Posteriormente, dándole tratamiento de delincuentes y terroristas a aquellos que logran ingresar a la universidad y en el camino descubren que es necesario estudiar y luchar contra las inequidades sociales. Y ahora, como si fuera poco, ofreciéndoles una bonificación de 100 mil pesos a cambio de volverse informantes de la fuerza pública en la lucha malograda contra el crimen.

La política de seguridad democrática demuestra una vez más su fracaso para combatir las diferentes manifestaciones delincuenciales, pero también la necesidad que le asiste de generar nuevas expresiones de violencia como alimento para su propia supervivencia. En esta oportunidad el blanco son los jóvenes universitarios, el mayor tesoro que tiene la nación para construir verdaderas salidas de paz mediante la superación de la pobreza y el atraso. ¿No son estas últimas las verdaderas causas de los conflictos sociales, las guerras y las múltiples manifestaciones delincuenciales?.

Tal parece que no ha sido suficiente ejemplo el desbordamiento en los años 90 de las llamadas Convivir como fuerzas armadas paraestatales, ni la perniciosa relación de las FFAA con el paramilitarismo, ni los “falsos positivos” como mecanismo para recibir compensaciones salariales en los batallones. Todas esas pervertidas sinergias entre militares y civiles no inquietan al gobierno y a sus asesores de seguridad, ni les sirven para tomar correctivos. Todas pasan de largo como causas de las espirales de violencia que ha vivido el país durante la implementación de la política de la seguridad democrática que se defiende con tanto ahínco en los sectores políticos del oficialismo.

Fue bajo esta misma lógica que una buena parte del Congreso de la República vio con buenos ojos su alianza macabra con los narco ejércitos de Castaño, primero como sus informantes, luego como sus líderes políticos y beneficiarios económicos. Nada hace prever que suceda lo contrario con esta estrategia, ahora reencauchada en las filas castrenses para vincular a los estudiantes a nuevos y sutiles actos de violencia por dentro y por fuera de las instituciones universitarias.

Mil jóvenes reclutados como sapos de las FFAA por 100 mil pesos mensuales para cada uno, podrían convertirse perfectamente en la posibilidad de asegurarle la matrícula en una universidad pública a otros mil estudiantes de los estratos más bajos de la sociedad que quedaron por fuera del sistema educativo universitario. Pero no. Fue necesario emprender una gran jornada de reflexión y de protesta al finalizar el año pasado para buscar que el Congreso de la República incrementara el presupuesto de las universidades públicas. Y no fue posible.

Ahora ya sabemos que el gobierno privilegia la estrategia de las recompensas a la de la educación de todos nuestros jóvenes.

¿Qué pensarán nuestros estudiantes?, ¿Y los que aún luchan por su ingreso a la Universidad?

24 de enero de 2010

Territorios del conocimiento y globalización


Por: Luis Fdo. Acebedo R.

Evidentemente, ni la sociedad del conocimiento ni su expresión espacial -el territorio del conocimiento-, pueden abordarse como categorías neutras de análisis. Para poderlas entender, es necesario explicar los presupuestos ontológicos, epistemológicos y metodológicos que la sostienen. Sucede lo mismo con términos relativamente abstractos como la ciudad, la región o el medio ambiente. Es necesario llenarlos de contenido para entender sus características y comprender su verdadero significado para la sociedad y su entorno.

La globalización es el primer concepto que aparece ligado a la sociedad y el territorio del conocimiento. Cuando se acude a él, generalmente se aborda como un fenómeno inevitable para toda la sociedad. Sin embargo, el significado que le da la Real Academia de la Lengua Española como “Tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”, no es posible considerarla un fenómeno universal que comprometa al conjunto de la sociedad y sus territorios. Esencialmente, es un asunto de mercados y de empresas.

En consecuencia, bien vale la pena sostener la idea de que hay otros tipos de globalización posibles, basados en la cultura o el conocimiento y no en la competitividad como factor clave del progreso; una globalización que promueve la integración e interdependencia en las relaciones sociales, productivas, culturales, etc, y se apoye en los avances tecnológicos, incluidas las Tecnología de Información y Comunicación (TIC); que combine el aprendizaje de experiencias universales exitosas, con la apropiación de tecnologías foráneas y con innovaciones propias surgidas de la máxima utilización del potencial de desarrollo de cada una de las sociedades y territorios, puestas al servicio del conjunto de la sociedad.

Si el espíritu de esa globalización se fundamenta en la solidaridad y la cooperación entre los pueblos y en el establecimiento de redes horizontales de trabajo, es posible comprender que el conocimiento, como valor fundamental de esta nueva época, no es homogéneo ni válido universalmente. Más bien es heterogéneo, cambiante, aplicado de manera diferente de acuerdo a las condiciones de espacio, tiempo, técnicas y movimiento.

Los territorios regionales son los nuevos espacios de la sociedad del conocimiento. Si para la sociedad industrial, la ciudad fue su máxima obra como expresión de las relaciones sociales, productivas y técnicas de la especie humana, ahora los territorios regionales marcarán una nueva manera de relacionarse con los ecosistemas naturales. En efecto, la ciudad de la sociedad industrial surgió y se consolidó a partir considerar el medio natural como una amenaza, en algunos casos, o como una fuente ilimitada de recursos para la urbanización, en otros; y esa especie de negación o de actitud utilitaria es básicamente la causante de la gran catástrofe ambiental de nuestra época y de las preocupaciones mundiales por el calentamiento global y la suerte del planeta.

La sociedad del conocimiento, por el contrario, debe partir de entender que la especie humana y la naturaleza hacen parte de un sistema único. Como diría Ángel Maya (2008) desde la filosofía “Cultura y naturaleza son formas simbióticas que en la actualidad no se pueden entender de manera independiente”. Esos territorios se caracterizarán por contener un sistema de ciudades en red, desde las cuales se irradiará todo el conocimiento para reconquistar el campo, olvidado por el frenesí de una idea de modernidad y progreso que le dio la espalda a la sostenibilidad. Ya no habrá más divisiones entre la ciudad y el campo porque las nuevas tecnologías proveerán lo necesario a los nuevos habitantes del campo para garantizarles igual calidad de vida que a los ciudadanos. Aquellos adquirirán la categoría de “rururbanos” porque a diferencia de los ciudadanos tendrán la conciencia, los conocimientos y la experticia para establecer unas relaciones armoniosas y sostenibles con el medio natural que le sirve de soporte, sostén e instrumento de cambio socio-cultural.

No se trata de un imaginario bucólico de regreso a la casa granja y al modo de vida rural tan promocionado por los utopistas del siglo XIX y añorado aún en el siglo XX. Todo lo contrario, el siglo XXI continuará su tendencia irreversible a la urbanización de la especie humana como dispositivo tecnobiológico indispensable para su propio desarrollo. Pero las atroces realidades que hoy en día se ven en las ciudades como el incremento del paro forzoso, la improductividad o la expansión de los cinturones de miseria, entre otros, provocarán una emergencia sistémica (Boisier, 2001) o emergencia cultural (Angel Maya, 2008)) para repensar un nuevo modo de producción que le dé un sentido renovado a la reconquista del campo mediante la introducción de cadenas de valor a las materias primas agroindustriales y al máximo aprovechamiento de las áreas cultivadas, de tal suerte que en vez de aumentar las fronteras agrícolas, se optimicen, y en vez de expandir las ciudades como mancha de aceite, se redensifiquen y organicen en red, para beneficio de la regeneración de los ecosistemas naturales y de la prolongación de la especie humana y demás seres vivos sobre el planeta.

17 de enero de 2010

Giros caleidoscópicos para esta nueva década.


Por: Luis Fdo. Acebedo R.

Me siento incapaz de comenzar mis reflexiones en este nuevo año sin hacer algunos giros caleidoscópicos sobre los que nos espera en esta nueva década que comienza.

Al finalizar el año pasado, fuimos testigos del enorme fracaso que significó la reunión en Copenhague para llegar a acuerdos orientados a evitar el calentamiento del planeta en al menos dos grados como consecuencia del efecto invernadero. Y de esa manera morigerar la gran catástrofe ambiental que se avecina, cuyos efectos negativos ya hemos comenzado a padecer. El “sistema global” no pudo operar en esta oportunidad ¬– la verdad es que no sé cuando lo ha hecho¬- imponiéndose el pensamiento pragmático de las superpotencias mundiales en el sentido de que cada quien haga lo que considere conveniente. Ni siquiera aceptaron trabajar en la dirección de “quien contamina paga”, mediante la cual, los países más pobres y atrasados buscaban obtener unos recursos adicionales para preservar algunos bosques. Allá estuvo el presidente Uribe pasando el sobrero para obtener respaldo a su política de seguridad democrática pretendiendo demostrar que el narcotráfico es el principal problema del calentamiento global. Ni bolas le pararon.

La reciente catástrofe en Haití que destruyó casi la totalidad de la capital, es un fiel reflejo de lo que sucederá con los conflictos ambientales y sociales que se avecinan en América Latina y el Caribe. Las potencias económicas, principales usurpadoras de los recursos naturales de estos países, ahora llaman al concurso generalizado de las naciones para pagar sus actos depredadores a lo largo de estos últimos doscientos años. El deshielo de nuestros páramos, la sequía de nuestras fuentes hídricas, los incendios forestales, la devastación de las selvas tropicales, el aumento del nivel del mar y los efectos catastróficos sobre nuestras playas, intentarán solucionarse con donaciones de caridad.

En el ámbito nacional, tenemos un año cruzado por múltiples campañas políticas, referendos y elecciones. La sensación que tenemos una parte de los colombianos es que mientras más empleamos los instrumentos democráticos consagrados en la constitución, más se amenaza el sistema de valores democráticos surgidos tras la revolución francesa. De hecho, ya ni la propia burguesía parece interesada en defenderlos. Claro, cada quien los interpreta a su antojo. Los partidos políticos mayoritarios piensan que reformar la constitución para garantizar la perpetuación en el poder de un mandatario es, en Venezuela, Ecuador o Bolivia, expresión de unos regímenes dictatoriales, mientras que en Colombia es la voluntad incuestionable del querer de las mayorías, según el pronunciamiento reciente de la Procuraduría General de la nación. Con semejante lógica “difusa” se analiza también el tema del armamentismo en la región.En Venezuela es expresión del expansionismo soviético o chino, mientras en Colombia el acuerdo con EEUU para convertir nuestro territorio en una gran base militar norteamericana, junto al gigantesco desarrollo del pie de fuerza local, se consideran actos de soberanía para la solución de problemas internos.

En Venezuela, la centralización de poderes y el consecuente debilitamiento de la independencia de los órganos del poder público se analiza desde estas tierras como un avance del socialismo en la región impulsado por Cuba, pero exactamente el mismo fenómeno en Colombia no deja de ser la expresión de un importante proyecto de unidad nacional en torno al “Estado de Opinión” que busca demostrarle a las minorías políticas quién manda en este país. Y evidentemente, ya lo vamos entendiendo con el fracaso de la ley de justicia y paz, la búsqueda de la verdad y la reparación o la impunidad en el caso de los falsos positivos. Ahora hay que pedir audiencia en los juzgados norteamericanos para tratar de esclarecer los crímenes y las masacres que se han perpetrado al menos en ésta última década en nuestro país. Qué ignominia.

Un politólogo argentino demostraba por estos días en un programa de televisión que en las últimas dos décadas han renunciado 19 presidentes en América Latina como consecuencia de sus actos de corrupción o de mal gobierno, presionados por movilizaciones populares en sus respectivos países. Obviamente eso no ha sucedido en Colombia, no por la ausencia de presidentes corruptos y de gentes protestando en las calles, sino por la sordera de sus gobernantes y de sus regímenes políticos autoritarios, y también por la respuesta desproporcionada de la fuerza pública o de fuerzas oscuras paraestatales que ahogan los gritos de miles de compatriotas inconformes.

Presiento que esta nueva década que comienza estará signada en Colombia por la agudización de los conflictos sociales, políticos, ambientales y territoriales, pues no se entiende cómo nuestro país vaya en contravía de los cambios que el resto de los países de América Latina y del Caribe ya están materializando, cada uno a su manera, pero en todo caso buscando expresiones de soberanía, de profundización de la democracia -incluyendo la alternativa socialista-, de modelos de progreso a partir del incremento de la productividad para solucionar en primer término los problemas locales y regionales. ¿Cómo participar activamente en un mundo cada vez más globalizado si no es a partir de garantizar la elevación constante de la calidad de vida de los ciudadanos en cada uno de los países?. En este sentido, se impone más la solidaridad y la cooperación como valores superiores globales, dejando atrás la rapiña de la competitividad y los mercados especulativos que no sólo está volviendo cada vez más pobre a las mayorías laboriosas de este mundo, sino que están acabando con el planeta y su capacidad de autoregenerarse frente a la acción destructiva de la especie humana que no logra encontrar una manera armoniosa de relacionarse con los ecosistemas naturales.