14 de julio de 2009

Barcelona: Entre la homogeneidad posmoderna y la complejidad citadina.

Arriba: Recuperación del litoral marítico para la realización de los juegos olímpicos de 1992. Barcelona.
Abajo: Casa de "okupas" en los alrededores del Parque Güell. Barcelona.

Por: Luis Fdo. Acebedo R.

Barcelona es una de esas ciudades europeas que trabajan intensamente en la idea de ocupar un puesto destacado en el contexto de las ciudades globales, así como en constituirse en una ciudad del conocimiento.

En la literatura especializada, ciudad global y ciudad del conocimiento son tratados como sinónimos. La verdad es que podrían llegar a ser proyectos diametralmente opuestos. Es evidente el esfuerzo que hace una Barcelona por atraer capital extranjero y convertirse en sede de las principales empresas financieras y de servicios del mundo, mediante toda suerte de artilugios políticos, jurídicos, económicos y espaciales que la hagan atractiva (competitiva) a los mercados más prósperos y dinámicos del siglo XXI. Pero, también es cierto que otra Barcelona está trabajando denodadamente por ser una ciudad del conocimiento haciendo énfasis, principalmente, en el logro de la calidad de vida y de la educación, el derecho a estar informado mediante el uso masivo de las TIC, la transformación productiva basada en conocimiento, la sostenibilidad ambiental, la cohesión social, entre otras.

Desde el punto de vista territorial Barcelona es considerada una gran metrópoli regional y ciudad multicultural, verdadera máquina de producción de bienes y servicios para Europa y el mundo. Por la misma razón se ha constituido en epicentro de procesos migratorios que buscan nuevas oportunidades laborales o la apertura de mercados emergentes. Es una ciudad que ha venido trabajando en una mutación acelerada de sus infraestructuras a partir de los nuevos paradigmas tecno-científicos y de la crisis de las industrias manufactureras que se constituyeron en la base de su economía en el siglo XX.

Ejemplos paradigmáticos de su interés por hacer parte de las ciudades globales altamente competitivas son, por ejemplo, las infraestructras construidas para los Juegos Olímpicos de 1992, el Forum de las Culturas del 2004 o el Plan “22@Barcelona: el distrito de la innovación”, actualmente en desarrollo. Estos macroproyectos urbanísticos han servido para recuperar el litoral marítimo que la zona industrial había convertido por décadas en el lugar de sus desechos. Hoy es un inmenso boulevard de “clase mundial”, como llaman algunos a la homogenización espacial según los intereses de empresarios o turistas de élite, con extensas playas blancas artificiales y aséptcas en el reino del simulacro y la posmodernidad arquitectónica y urbanística.

En la actualidad, el proyecto más ambicioso es la revitalización de la zona industrial de "Poblenou" con la localización de las actividades más innovadoras de la economía del conocimiento. Se trata de la renovación urbana de 115 manzanas del clásico proyecto urbanístico desarrollado por Ildelfonso Cerdá, más conocido como el Ensanche, equivalente a más de 198 hectáreas, en la cual se mezclan usos no contaminantes con viviendas, zonas verdes y equipamientos. Se busca que este sector se convierta en la centralidad más importante de la economía del conocimiento, por su excelente accesibilidad urbana, metropolitana e internacional. Se conecta con la red nacional de autopistas, tiene acceso a varias líneas de metro, un tranvía y la red de autobuses; está a poca distancia de la estación central del tren de alta velocidad que actualmente se está construyendo, entre otras infraestructuras.

En esta zona se ha diseñado el desarrollo de cuatro clusters a través de los cuales Barcelona considera que puede alcanzar un liderazgo internacional: Energía, Media (sector audivisual), Tecmed (Tecnologías Médicas) y Tic. Todos ellos en alianza con varias universidades y centros de investigación que han tomado la decisión de localizarse dentro del proyecto 22@ para desarrollar las sinergias necesarias con el sector empresarial, entre las cuales se encuentra la Universidad de Barcelona y la Universidad Politécnica de Cataluña.

Pero todos estos proyectos, legítimos en cuanto a la búsqueda de nuevas opciones productivas frente a la crisis del capitalismo industrial, resultan muchas veces chocantes y hasta frustrantes para los habitantes cotidianos de la ciudad. Especialmente cuando, como dice Manuel Delgado (2007), esas búsquedas terminan convirtiéndose en "ciudades-fashion", en escenografías o parques temáticos de la nueva sociedad de los servicios y el consumo globalizado. En efecto, para aquellas ciudades que buscan afanosamente un lugar en los mercados globales de consumo, la gestión urbana ahora se entiende como marketing y la gobernabilidad se asimila a la gerencia privada o governance. A ella se le atribuye el éxito y la eficiencia en la administración de los recursos, por oposición al fracaso y burocratismo del Estado Keynesiano en el manejo de lo público y lo colectivo. Pero como se ha podido demostrar en estos últimos tiempos de crisis del libre mercado, los nuevos gerentes de ciudad también dilapidan recursos, descapitalizan las ciudades con la privatización de los bienes públicos y con frecuencia olvidan que la razón de ser de ellos como gobernantes no son los turistas, ni los capitales extranjeros que van y vienen como golondrinas – o quizá como halcones en busca de presas fáciles –; la verdadera razón de ser de los gobernantes son los ciudadanos.

Entonces, ahí es cuando uno entiende como visitante de esta hermosa y compleja ciudad, porqué los barceloneses reivindican su condición de ciudadanos, por oposición al tratamiento como consumidores; defienden el derecho al espacio público, el verdaderamente público y colectivo, como el que se ha perdido en las Ramblas para su uso y disfrute cotidiano, por la invasión de un enjambre de turistas que van y vienen tratando de encontrar en su majestuosidad la historia decimonónica del urbanismo monumental del barón Haussman de Paris, mientras ignoran casi por completo la existencia y sobriedad del urbanismo industrial de Cerdá, traducido en su proyecto progresista de Ensanche de Barcelona. Por allí caminan a diario los turistas, enceguecidos en la búsqueda de la monumentalidad aristocrática de las edificaciones gaudianas o la singularidad fálica de la torre Agbar o la parodia del arco del triunfo francés de inspiración neomudéjar.

Es la ruta de la Barcelona sin barceloneses o de las ciudades sin sujetos. Esas no me interesan.

16/07/09

2 comentarios:

  1. antes de realizar algún comentario, quisiera decirle que este tipo de escenarios en los cuales los arquitectos exponen de cierto modo algunas concepciones entorno al ejercicio de la arquitectura, me parece maravilloso y se hacen necesarios para difundir y expresar el pensamiento.
    lo felicito por este espacio creado, me alegra mucho como estudiante de décimo semestre de arquitectura de la UN Manizales encontrar a un profesor conocido realizando esto.

    ResponderEliminar
  2. Espana y la zona del Mediterraneo, son hoy en dia territorios modelo en el desarrollo de una economia basada en el conocimiento.
    No es el marketin que se realiza alrededor de un territorio lo que demuestra que se es innovador y sostenible sino las experiencias que se realizan a largo plazo lo que hace posible que un territorio desarrolle verdaderamente un espacio donde todos los sectores de la sociedad puedan participar a través de sus conocimiento en la emergencia de una economia basada en el conocimiento por y para todos.

    ResponderEliminar